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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1633

—¿Tan seguro estás?

Lourdes lo miró con escepticismo y lo amenazó:

—Si fallas, prepárate para hacer unas cuantas flexiones.

—De acuerdo.

Rogelio revisó la hora en su reloj, impaciente.

—¿Podemos empezar ya?

Aunque no sabía cuántos obstáculos más le esperaban, solo tenía que superarlos uno por uno.

Al final, lograría ver a su chica.

—Comienza.

Lourdes sacó su teléfono, simulando iniciar un cronómetro.

¡Zas!

Cientos de pequeños recortes de rostros cayeron sobre la mesa, provocando escalofríos en los espectadores.

Los hermanos Iván y Eliseo estaban boquiabiertos.

Había fragmentos de personas completamente desconocidas, narices, ojos...

¡Dios santo!

Hasta pestañas había.

¿Cinco minutos?

Aunque les dieran cinco horas, ¡no estarían seguros de poder armar el rostro de la Srta. Carrillo!

La Srta. Yáñez de verdad no quería que su hermana se casara.

Una multitud se congregó alrededor, todos conteniendo el aliento mientras observaban a Rogelio remover las piezas.

El hombre, ligeramente inclinado, movía las manos sin prisa, con una actitud sumamente segura.

El tiempo pasaba segundo a segundo...

***

En la habitación.

El ambiente de risas se desvaneció, y todos estaban igual de concentrados en el progreso de la prueba.

—¿No creen que esa prueba es demasiado difícil? —comentó Sania en voz baja—. En cinco minutos, ¿cómo va a lograr encontrarlo todo?

—No inventen, con esto uno se queda ciego.

Wilfredo se frotó las sienes.

—Al menos yo sería incapaz de encontrar nada.

—Prima, ¿debería llamarle a Lourdes para decirle que sea un poco más compasiva? —preguntó Inés en un susurro.

—No es necesario. —Aldana negó con la cabeza, manteniendo una ligera sonrisa—. Si no es capaz de completar una tarea tan simple, ¿cómo podría ser el esposo de Aldana Carrillo?

Pero a Rogelio le faltaban las pestañas.

—¿Esto cuenta como una derrota? —Julieta estaba bastante preocupada por él—. Si perdió, tiene que hacer flexiones. ¿Cuántas creen que aguante?

—Considerando su buena forma física, debe hacer ejercicio con regularidad —comentó Quico, sosteniendo a Gordito en brazos, con los ojos entrecerrados—. Pero todo depende de cómo Lourdes decida castigarlo. Siento que esto no es tan simple.

—Si va a hacer flexiones, yo me encargo de supervisar —Gilda se arremangó, preparándose—. Les garantizo que no lo dejaré holgazanear ni un poco.

Aldana se mantuvo tranquila desde el principio, con la mirada fija en Rogelio y los ojos rebosantes de amor.

***

—Ojos, nariz, boca, orejas, cejas...

Lourdes fue juntando las piezas una por una hasta revelar perfectamente el rostro de Aldana.

—Las que seleccionaste son cien por ciento correctas.

A decir verdad, estaba algo sorprendida.

Después de todo, era una tarea sumamente difícil, y solo disponía de cinco minutos.

Jamás imaginó que Rogelio sería capaz de identificar los rasgos de Aldana sin un solo error entre cientos de fotos.

¡Cuánto tenía que amarla para conocerla tan al detalle!

—Sin embargo... —Lourdes arqueó una ceja y habló con lentitud—, te faltaron las pestañas. Así que se considera un fallo.

—Sr. Rogelio, me temo que hoy no verá a su esposa.

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