—¿Tan seguro estás?
Lourdes lo miró con escepticismo y lo amenazó:
—Si fallas, prepárate para hacer unas cuantas flexiones.
—De acuerdo.
Rogelio revisó la hora en su reloj, impaciente.
—¿Podemos empezar ya?
Aunque no sabía cuántos obstáculos más le esperaban, solo tenía que superarlos uno por uno.
Al final, lograría ver a su chica.
—Comienza.
Lourdes sacó su teléfono, simulando iniciar un cronómetro.
¡Zas!
Cientos de pequeños recortes de rostros cayeron sobre la mesa, provocando escalofríos en los espectadores.
Los hermanos Iván y Eliseo estaban boquiabiertos.
Había fragmentos de personas completamente desconocidas, narices, ojos...
¡Dios santo!
Hasta pestañas había.
¿Cinco minutos?
Aunque les dieran cinco horas, ¡no estarían seguros de poder armar el rostro de la Srta. Carrillo!
La Srta. Yáñez de verdad no quería que su hermana se casara.
Una multitud se congregó alrededor, todos conteniendo el aliento mientras observaban a Rogelio remover las piezas.
El hombre, ligeramente inclinado, movía las manos sin prisa, con una actitud sumamente segura.
El tiempo pasaba segundo a segundo...
***
En la habitación.
El ambiente de risas se desvaneció, y todos estaban igual de concentrados en el progreso de la prueba.
—¿No creen que esa prueba es demasiado difícil? —comentó Sania en voz baja—. En cinco minutos, ¿cómo va a lograr encontrarlo todo?
—No inventen, con esto uno se queda ciego.
Wilfredo se frotó las sienes.
—Al menos yo sería incapaz de encontrar nada.
—Prima, ¿debería llamarle a Lourdes para decirle que sea un poco más compasiva? —preguntó Inés en un susurro.
—No es necesario. —Aldana negó con la cabeza, manteniendo una ligera sonrisa—. Si no es capaz de completar una tarea tan simple, ¿cómo podría ser el esposo de Aldana Carrillo?

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