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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1531

—¡Mentira!

Wilfredo apretó los labios, pero la sonrisa tonta no abandonó su rostro.

—Inés siempre parece tan dulce y tranquila, pero a la hora de destrozar los argumentos del rival es implacable.

—Suavidad por fuera, acero por dentro. —Aldana miró hacia el escenario. Las comisuras de sus labios se curvaron en una sonrisa llena de orgullo—. Creció en un entorno difícil, soportando tantas amarguras y desprecios. No es el tipo de persona que le abre su corazón a cualquiera.

—Wilfredo, tienes un largo y complicado camino por delante.

...

Wilfredo escuchó en silencio, con la mirada volviéndose más profunda.

Sería difícil, sí, pero no imposible.

Y a él le encantaban los retos difíciles.

—Oye, ¿podrías decirme qué pasatiempos tiene Inés? —se acercó Wilfredo, con una sonrisa aduladora.

—Claro que sí. —Aldana asintió lentamente. Sacó el teléfono de su bolsillo, abrió su aplicación del banco y mostró un código de cobro en pantalla—. La cantidad de detalles dependerá de tu generosidad.

—¡¡!!

Wilfredo frunció el ceño, sacó su propio celular y empezó a teclear números con fuerza.

—Aldana, el viejo zorro te está echando a perder.

—Un placer hacer negocios. —Al ver la cantidad transferida, Aldana sonrió satisfecha y se acercó a él—. Verás, Inés...

—¿Sí? ¿Qué cosa? —Wilfredo aguzó el oído, aterrado de perderse una sola palabra.

—En realidad es bastante aburrida. No le gusta ir de compras, no es fanática de los lujos gastronómicos ni le importan las joyas. Solo le gusta leer.

—¿Y ya? —preguntó Wilfredo, arrugando el entrecejo.

—Eso es todo. —Aldana enarcó una ceja, sonriendo con la astucia de un pequeño zorro.

—¡Ja!

Wilfredo torció la boca y soltó una risa seca desde el fondo de su garganta.

Son tal para cual.

Ese viejo zorro la había convertido en una versión tan astuta como él.

¿Leer?

Dios sabía que si había algo que Wilfredo detestaba en el mundo, era leer. Desde que se graduó, jamás volvió a tocar un maldito libro.

***

Tres horas más tarde.

El torneo de debate llegó a su fin.

Bajo el feroz bombardeo argumentativo de Inés y Kilian, el equipo rival quedó completamente mudo.

Como era de esperarse, el equipo de Inés fue el ganador.

El trayecto hasta allí y de regreso le tomaría al menos veinticinco minutos.

—¿No tenías hambre? —Wilfredo le lanzó las llaves del auto a Aldana y sonrió con malicia—. Llévala a comer, yo las alcanzo en un momento.

—Hecho.

Leyendo perfectamente sus intenciones, Aldana no dijo ni una palabra y se llevó a Inés.

Sin embargo...

No llevaban ni tres minutos sentadas en el restaurante cuando Wilfredo apareció por la puerta.

Inés lo miró confundida:

—¿Tan rápido? ¿Y los libros?

—Ah. —Wilfredo torció la boca, mintiendo con total descaro y sin inmutarse—. Fui al baño y se me olvidó por completo. Ya se los pediré en otra ocasión.

Aldana lo observó con cara de no creerle ni media palabra.

Inés solo parpadeó en silencio.

Por otro lado...

Kilian, abrazando una enorme pila de libros pesadísimos, corrió sin detenerse a tomar aire. Llegó jadeando como un buey de carga.

Pero cuando miró a su alrededor...

¡¿Dónde diablos se habían metido?!

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