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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1538

—Muac.

Aldana miró a Rogelio en silencio durante unos segundos y, de manera proactiva, se acercó para darle un tierno beso en la comisura de los labios.

—¿Ya estás más contenta?

Rogelio le alborotó el cabello suavemente, con la mirada desbordando ternura.

—Si tú estás feliz, Don Joaquín podrá descansar en paz.

—Mhm —Aldana jugó con los dedos del hombre; sus ojos brillaban como estrellas y su voz sonaba cristalina—. Rogelio, a veces de verdad te pareces mucho a mi abuelo.

Con solo dos o tres palabras, lograba disipar su mal humor.

—Gracias por el cumplido, Señorita Carrillo —Rogelio curvó los labios, aunque su sonrisa fue un tanto rígida—. Pero esa última frase estaba de más.

Hubo un tiempo en el que de verdad pensó que estaban jugando a la "novela de reemplazos". Solo que, mientras a otros los usaban como reemplazo de un amor platónico, a él lo usaban de "abuelo".

Aldana se quedó sin palabras.

En ese preciso instante, se escucharon pasos apresurados acercándose a la puerta. Inmediatamente, la perilla giró y Justino Mendes entró como un torbellino.

Dejando de lado su habitual expresión amargada, traía pegada en el rostro una sonrisa exageradamente servil.

—Señor Rogelio, ¡qué grata sorpresa! ¿A qué debemos este honor?

Justino ignoró olímpicamente a Aldana. Se inclinó casi en una reverencia hacia Rogelio y le ofreció la mano de forma sumisa.

—Creo que esta es nuestra primera presentación formal. Soy Justino Mendes, el padre adoptivo de Aldana. Un placer, de verdad.

—¿Padre adoptivo?

Rogelio, quien seguía sentado en el sofá, levantó ligeramente sus oscuros ojos. Una frialdad aterradora se asomó en su mirada mientras curvaba los labios con ironía.

—Qué raro. Yo recuerdo perfectamente que mi novia fue criada por Don Joaquín.

La sonrisa de Justino se congeló y, por instinto, miró de reojo a la chica de expresión indiferente que estaba al lado.

Claro.

Con Aldana aferrada a un árbol tan frondoso como el Grupo Lucero, era obvio que hablaría mal de ellos.

—Sí, bueno, desde pequeña siempre fue más unida a mi padre.

Justino tragó su frustración, acomodó su expresión y, perdiendo toda vergüenza, se dirigió a ella:

Capítulo 1538 1

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