No muy lejos de allí, Alondra Valeriano salía de una tienda de bolsos junto a una amiga justo a tiempo para presenciar la escena.
—Esa tipa sabe mover sus fichas —dijo la amiga, mirando con desprecio la espalda de Gilda—. Mira que convencer al señorito Héctor de pelearse con su familia.
—Todo es porque su hermana se casó con un pez gordo.
Alondra apretó la correa de su bolso y continuó con tono glacial:
—Como la hermanita entró a la alta sociedad, ella también quiere su tajada. Lástima que no se da cuenta de que no da la talla. Héctor solo está deslumbrado por el momento. En cuanto recupere la cordura, la va a desechar.
—Alondra, ¿qué vas a hacer? —le preguntó su amiga—. No podemos darnos el lujo de ofender a Aldana Carrillo. Tanto ella como su esposo son intocables.
—No soy idiota —respondió Alondra con una sonrisa fría—. Simplemente esperaré a que Gilda caiga solita en la trampa. Cuando eso pase, ni siquiera podrá defenderse. No me importa que sea la hermana de Aldana Carrillo. ¿Acaso podrá callar a la prensa y al público entero?
La amiga se le quedó mirando, sin lograr descifrar qué clase de plan tenía para destruir a Gilda. Pero al verla tan confiada, supo que no fallaría.
Gilda estaba acabada.
***
Dentro de la sala de cine.
A pesar de ser una película de terror, la sala estaba bastante llena.
Gilda y Héctor estaban en la penúltima fila, con una vista espectacular. Sumado a que la proyección era en 3D, el realismo era sobrecogedor.
Los escenarios macabros, la música estridente y la pesada atmósfera de terror envolvían todo el recinto en una sombra asfixiante.
Al ver las imágenes y escuchar los sonidos, Héctor sintió como si una mano invisible le estrujara el corazón. Le costaba respirar.
¿Qué le pasaba? Sabía perfectamente que todo era ficción, pero el miedo se le había calado en los huesos.
Héctor giró la cabeza para mirar a la chica a su lado.
Gilda tenía los ojos fijos en la pantalla. No solo no parecía asustada, sino que además parecía estar disfrutándolo como una experta.
Héctor estaba mudo.
Claro, ella había estado en las fuerzas especiales, había visto cosas peores. Era obvio que esos trucos baratos del inicio no la iban a asustar. Lo bueno venía en la mitad. Él había visto fragmentos en redes sociales y eran aterradores.
Héctor tragó saliva, aguantó el miedo y entrecerró los ojos hacia la pantalla.
—¡Aaahhh!

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