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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1741

Don Segundo Lucero soltó una risita:

—Como padre y hombre de experiencia, por supuesto que quiero que seas feliz. Pero, Héctor, una mujer no es como un hombre, soporta mucha más presión. Tienes que protegerla, ¿entiendes?

—Lo entiendo —respondió Héctor Lucero con seriedad—. Haré todo lo que esté en mis manos para protegerla.

—Por el lado de tu madre, no te preocupes —añadió Don Segundo con una sonrisa resignada—. Simplemente no piensa mucho las cosas; tiene una mente sencilla, pero no alberga malas intenciones.

—Gracias, papá —dijo Héctor, conmovido.

Con el apoyo de su padre, se sentía mucho más motivado.

—Cuídate mucho.

Tras un par de recomendaciones más, Don Segundo Lucero colgó la llamada.

—Don Segundo, si la señora se entera de que usted no está de su lado, quién sabe el escándalo que armará —comentó el chofer con una sonrisa.

—Por eso mismo, que no se entere por ahora —respondió él—. Cuando yo era joven, mis padres me obligaron a dejar mis pasiones para estudiar administración financiera. Pero por más que me esforcé, nunca pude alcanzar el nivel de mi hermano mayor. Con Héctor pasa lo mismo —Don Segundo miró a lo lejos, con expresión solemne—. Solo quiero que Héctor haga lo que realmente ama.

Ya fuera en el amor o en los negocios.

Mientras a su hijo le gustara, él lo apoyaría.

***

En el Estudio Gilda.

Gilda estaba meditando en el sofá mientras hacía una videollamada con Héctor.

—Mi papá aprueba nuestra relación —dijo Héctor, acercándose a la cámara, muy emocionado—. No esperaba que el viejo fuera tan de mente abierta.

—Ah... —La expresión y el tono de Gilda eran completamente planos—. ¿Cómo van los preparativos para el vuelo de prueba?

—Todo va muy bien —Héctor no le quitaba los ojos de encima a la chica—. En cuanto termine la prueba, regresaré a la capital. Gilda... —susurró su nombre, mirándola con una ternura que derretía—. No tienes idea de cuánto te he extrañado. Sueño contigo todas las noches.

—¿Y qué sueñas?

Ante la pregunta casual de Gilda, Héctor se sonrojó de golpe.

Abrió la boca, pero no tuvo el valor de decirlo.

Ya que era un sueño, seguro era reflejo de sus deseos más profundos.

Cuanto más atrevido, mejor.

—¿De verdad quieres que te lo cuente? —Héctor sonrió con una expresión traviesa y pícara.

—Estás buscando que te mate.

Gilda reaccionó y sintió que las mejillas le ardían.

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