Las credenciales de esa familia eran tan impresionantes que, si Doña Marcela se pusiera a enumerarlas todas, se les enfriaría la comida antes de terminar.
Elvia apretó los labios, completamente descolocada. No sabía a dónde quería llegar su suegra y no se atrevió a decir ni una palabra más.
—Y, en cambio, ¿qué tiene la familia Lucero? —Doña Marcela soltó una risa fría y arrastró las palabras con sorna—. Aparte de un poco de dinero y algo de poder, ¿qué más tenemos?
»¡Díganme! ¡¿Qué más?!.
Los tres hombres de la familia Lucero intercambiaron miradas de pánico y bajaron la cabeza al unísono, calladitos.
—Por eso, creo que mi nuera tiene toda la razón —remató Doña Marcela, dando un giro dramático—. Los estatus de ambas familias definitivamente no están al mismo nivel. Nuestro Héctor ni de broma está a la altura de una mujer como Gilda.
¡¡¡!!!
Elvia se quedó petrificada. Sintió que el cerebro se le reiniciaba.
¿Su Héctor no era suficiente para Gilda?
¡Qué barbaridad! ¡Qué exageración!
Quiso protestar, pero se dio cuenta de que no tenía ni un solo argumento válido. Las palabras de Doña Marcela tenían tanto peso que casi terminaban convenciéndola a ella misma.
—Mamá... —Como cualquier madre orgullosa, Elvia no soportó escuchar que hicieran menos a su hijo e intentó defenderlo.
—Tú cállate un momento —la cortó Doña Marcela con voz de hielo—. La familia Lucero no es la realeza, ni somos inalcanzables. Ya no estamos en la época de las cavernas, hasta una anciana anticuada como yo entiende que el amor es libre. Deja de meterte en la vida sentimental de los jóvenes.
»No vayas a forzar tanto la situación que termines alejando a tu propio hijo. No vale la pena.
Elvia escuchó en silencio. Aunque las palabras fueron duras, en el fondo sabía que tenían razón. Había movido cielo y tierra planificando el futuro de su hijo, y casi termina metiendo a un demonio en su casa. Ahora, Héctor ni siquiera le contestaba los mensajes.
Su hijo podía parecer despreocupado, pero en el fondo tenía un carácter firme. Cuando se le metía algo en la cabeza, nadie se lo sacaba.
Y era su único hijo...
Si las cosas seguían así, lo perdería por completo. ¿Qué más daba si se casaba con la mujer que amaba?

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