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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1772

Al escuchar la indirecta de su suegra, Elvia levantó la vista de golpe, respondiendo con evidente nerviosismo:

—Eso fue en el pasado. Ya no pienso de esa manera.

Alondra Valeriano había fingido tan bien, que menos mal que su verdadera cara quedó al descubierto. Si no, haberla traído a la familia habría sido una auténtica pesadilla.

—Hmpf.

Cuanto más lo pensaba, más le hervía la sangre a Doña Marcela. Golpeó la mesa con los cubiertos.

El ruido fue tan fuerte que Don Ignacio, que estaba sentado a su lado, soltó asustado el huevo de codorniz que iba por la mitad.

—De verdad que no sé qué decirte, tú... —Como había jóvenes presentes, Doña Marcela se contuvo de gritarle un par de verdades para no humillarla por completo—. ¿Cómo puedes tener tan mal gusto para elegir a las personas? Te atreves a querer meter en nuestra casa a cualquier cualquiera.

—Además, ¿no escuché que Héctor ya tiene a una chica que le gusta? —añadió la matriarca, con el rostro serio—. La hermana de Aldana.

—Es que... hay mucha diferencia entre ellas —murmuró Elvia con voz lastimera—. Además, nuestros estatus sociales no están al mismo nivel.

Don Segundo le dio un codazo disimulado. ¿En qué momento se le ocurría sacar el tema de los estatus sociales? ¡Aldana estaba sentada justo ahí! Decir eso era como darle una bofetada en la cara a la propia Aldana.

Su esposa tenía muchas virtudes, pero le faltaba tacto y, a veces, parecía que no conectaba las ideas antes de hablar.

Al darse cuenta de su error, Elvia levantó tímidamente la vista hacia la chica que comía camarones frente a ella.

Aldana también alzó la mirada. Sus ojos se encontraron y, lentamente, los labios de la joven se curvaron en una sonrisa.

Pero era una sonrisa que daba un poco de miedo.

—Cof, cof, cof...

Elvia se asustó tanto que empezó a toser descontroladamente.

—¿Estás bien? —Don Segundo se apresuró a darle unas palmadas en la espalda, suspirando con frustración—. Aldana solo te sonrió, ¿a qué le tienes tanto miedo?

—¡¿A qué crees?! —Elvia lo fulminó con la mirada, sintiéndose morir de vergüenza—. Mi amor, vámonos ya.

Esta cena la estaba matando de los nervios. Si se quedaba un minuto más, sentía que le iba a faltar el aire.

Doña Marcela la interrumpió con voz tajante:

—La señorita Gilda es una instructora de fuerzas especiales reconocida mundialmente. Las personas que ella ha entrenado están ahora mismo protegiendo la paz en todo el planeta.

»Sus padres fueron médicos que sacrificaron sus vidas para salvar a su pueblo. Su legado sigue impulsando la medicina de nuestra nación. Tienen tanto mérito como gloria, y son dignos de absoluta admiración.

»Su hermano mayor es el actor número uno del país, adorado por millones.

»El segundo, un pilar fundamental en la Asociación Médica Internacional.

»El tercero, un piloto de carreras legendario.

»De sus tres hermanas menores, una es una genio farmacéutica, otra es la dueña de un imperio de casinos, y la última...

Al llegar a este punto, Doña Marcela giró suavemente la cabeza hacia Aldana. Sus labios se curvaron y su voz se volvió pura dulzura:

—Bueno, de los logros de nuestra Aldana no hace falta ni que hable, ¿verdad?

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