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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1782

Al ser mencionado de repente, Don Ignacio se quedó paralizado un par de segundos y bajó lentamente la botana que le acababa de quitar a Rogelio Lucero.

—¡Ignacio, di algo! —El tono de Don Bartolomé era frenético y lleno de ira—. ¿Quién manda ahora en la familia Lucero? Como tu amigo de hace décadas, te lo pregunto: ¿me vas a hacer este pequeño favor o no?

¿Acaso intentaba manipularlo emocionalmente?

Don Ignacio dejó a un lado la comida, tomó una servilleta y se limpió los dedos con suma parsimonia. Levantó la vista hacia Don Bartolomé y le hizo una sola pregunta:

—Si algún día alguien lisiara la mano de tu nieta y exigiera que le sacaran el corazón, ¿qué harías tú?

Don Bartolomé se quedó helado por varios segundos antes de responder con voz áspera: —No permitiría que algo así pasara.

—Conociéndote como te conozco, sé que buscarías cualquier medio posible para hacer que el culpable pagara con creces.

Don Bartolomé guardó silencio, pues Don Ignacio había dado en el clavo.

—Amigo mío, la vida de los demás también vale. También son hijos de alguien. No puedes esperar impunidad para los tuyos y castigo para el resto. Esa muchacha tuya, Alondra, se ha pasado de la raya. Te aconsejo que aproveches que aún es joven y dejes que la encierren para que aprenda la lección. De lo contrario, si la salvas esta vez, ¿podrás salvarla la próxima?

El único motivo por el que Alondra hacía lo que le daba la gana era porque sabía que la familia Valeriano le cubría las espaldas. Ayudarla ahora solo haría que sus crímenes fueran peores en el futuro.

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