Entrar Via

Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1806

—Cuando nos casemos, verás el alto nivel de poder que tienen las mujeres en la familia Lucero.

¿Casarse?

El recuerdo de haberle propuesto matrimonio hizo que el rostro de Gilda ardiera un poco.

—¿En qué piensas?

Héctor, notando su reacción, se inclinó hacia ella con disimulo.

—Me duele un poco la herida. Quisiera un poco más de mi analgésico.

—Si te duele, llama al doctor. Yo no sé curar enfermos —Gilda le apartó la cara con la mano—. Duérmete. Voy a averiguar qué está pasando con la familia Valeriano.

Héctor quería ayudarla, pero el cuerpo no le daba para más, así que solo pudo quedarse mirando el techo.

Esa herida no podía haber llegado en peor momento.

***

En la habitación de al lado.

Gilda y Aldana Carrillo estaban en el balcón, cada una disfrutando de una paleta de caramelo.

—Las pruebas están todas listas. Podemos lanzar la red cuando quieras.

Aldana habló con tranquilidad.

—Supe que tus suegros vinieron a verte.

—Sí —asintió Gilda suavemente, luciendo ligeramente incómoda—. Doña Inés acaba de agregarme a mensajes y me mandó un montón de fotos para que elija regalos.

—¡Vaya!

Al ver las imágenes en la pantalla, Aldana alzó las cejas y sonrió de medio lado.

—La abuela te adora en serio. Varias de esas cosas son sus tesoros más preciados.

—No me siento cómoda aceptándolas —Gilda frunció los labios—. Son joyas muy valiosas que jamás usaré.

»Además, Héctor y yo solo somos novios...

—Pero si ya hasta le pediste matrimonio —bromeó Aldana, parpadeando con inocencia.

—Aldi...

Gilda giró la cabeza para fulminarla con una mirada cargada de resentimiento.

De no haber sido porque ella y ese perro de Héctor se aliaron para engañarla...

¿Cómo diablos habría terminado proponiéndole matrimonio a Héctor?

Se moría de vergüenza.

—Mi culpa, mi culpa —Aldana levantó las manos en señal de rendición.

—Ay, tú —Gilda nunca podía enojarse de verdad con esta hermanita suya.

Le pellizcó la mejilla con ternura y suspiró con impotencia.

—No tengo remedio contigo.

»Ya es muy tarde, ve a descansar.

Al otro lado de la capital.

Alondra Valeriano se había escapado de fiesta, pero al regresar, Doña Regina Valeriano la estaba esperando y la atrapó.

—¿Tienes idea de cómo están las cosas y todavía te atreves a salir a pasear? —Doña Regina casi sufre un infarto de la rabia. Señaló a Alondra y le gritó—: Si Gilda se entera de que estás en la capital, no vas a saber ni de dónde te cayó el golpe.

—Esa solterona no tiene cabeza para pensar en mí ahora mismo.

Alondra soltó un hipo provocado por el alcohol, tambaleándose un poco.

—Escuché que Héctor Lucero tuvo un accidente automovilístico, y dicen que podría quedar paralítico de por vida.

»¡Y Gilda todavía se peleaba por él! Mírala ahora, se quedó con un inútil.

Al decir esto, Alondra soltó una carcajada llena de alivio y arrogancia.

—Menos mal que no me casé con él. Si no, la que estaría viviendo como viuda en vida sería yo.

Doña Regina se quedó petrificada por unos segundos. Si Alondra se hubiera quedado con Héctor...

Héctor no habría viajado al extranjero, y nada de esto habría pasado.

Pero, además.

La cuñada mayor de Héctor era Aldana Carrillo, la famosa Dra. Noche.

¿Cómo no iban a poder curarlo?

Héctor había regresado al país la noche anterior y actualmente se recuperaba en el hospital privado de la familia Lucero.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector