¿Acaso... era uno de sus hermanos... a los que nunca había conocido?
Aldana fijó la vista, observando con atención al hombre que tenía delante.
Ella y Leonardo se parecían mucho...
En cuanto a Wilfredo...
Si tenía que encontrar un parecido, sería que ambos tenían el cabello negro.
¿Sería una coincidencia? ¿Estaba pensando de más?
—Ah.
Aldana no hizo más preguntas y solo le dijo:
—Te daré una respuesta hoy mismo.
Regresó al área de descanso.
Luego, tomó su celular y contactó a Sombra: [Investiga a Wilfredo].
Con una simple investigación sabría si era su hermano regalado o no.
—
Después de cambiarse, Aldana se dirigió a la enfermería.
—¡Ah, J Piloto!
Al verla aparecer, Héctor, que yacía en la cama con la mirada perdida, se incorporó de inmediato, tartamudeando.
Quién iba a pensar que la persona que le enseñaba las técnicas de manejo era su ídola... J Piloto.
Realmente no tenía ni idea de con quién estaba tratando.
Con razón.
Aldana, con una simple scooter eléctrica, podía darle una paliza a una motocicleta de carreras carísima.
Y él todavía quería competir con ella...
Ahora que lo pensaba, quería que se lo tragara la tierra.
—Ajá.
Aldana levantó un poco la barbilla y preguntó con interés:
—¿Estás bien?
—Una fractura, pero no es muy grave. Necesito reposar un tiempo —dijo Rogelio, levantándose para cederle la silla a Aldana y quedándose de pie a su lado—. Siéntate aquí.
—Ah.
Aldana miró al hombre, se sentó sin dudar y, con toda naturalidad, le entregó su mochila para que la sostuviera.
—Alda...
Héctor se sentía fatalmente agraviado, y con los ojos enrojecidos, se quejó:
—Esos hijos de puta de Rivaterra jugaron sucio.
—Y tu accidente a mitad de la carrera, Alda, seguro que ellos también tuvieron la culpa —Héctor apretó los puños, con el rostro lleno de ira—. Pero es una lástima...
—Iñigo dijo que hay huecos en la grabación del circuito, que falta mucho metraje.
Este asunto probablemente terminaría en nada, igual que las dos veces anteriores.
En el video, los tres malditos de Rivaterra charlaban y reían con total impunidad.
Aunque perdieran esta carrera, a lo sumo no podrían participar en la próxima temporada de F1.
Pero con sus "métodos", quizás en unos años podrían volver a ascender desde competencias menores y regresar al circuito.
Quién sabe a cuánta gente perjudicarían.
—Si vuelvo a tener la oportunidad de competir contra esos cabrones, juro que no los perdonaré.
Héctor apretó los dientes, sintiéndose frustrado e impotente.
—¿Oportunidad?
Aldana apartó la vista con aire despreocupado, una leve sonrisa se dibujó en sus labios y su voz sonó relajada pero glacial.
—No creo que ellos vuelvan a tener la oportunidad de pisar un circuito.
—Alda, ¿a qué te refieres?
Héctor la miró de repente, preguntando confundido.
—Vamos a darles una lección.
Aldana sonrió levemente, sacó su celular y marcó el número de Iñigo.
—Dile a la central y a los jueces que tenemos el video original.
—¿El video original? —la voz de Iñigo estaba ronca de tanto discutir. Temiendo haber oído mal, le recordó—: J Piloto, el plazo para apelar es de solo quince minutos. Ni aunque encontremos a un genio de la informática para recuperarlo nos daría tiempo.

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