Sus palabras rebosaban desprecio y burla hacia el Instituto Altamira.
Aldana dijo un rápido “tengo que colgar” y terminó la llamada. Echó un vistazo a su alrededor y encontró unos trozos de gis rotos en un rincón.
La chica los recogió y los hizo rodar entre sus dedos, mientras su mirada fría y despreocupada se posaba en el grupo. La temperatura a su alrededor descendía con cada una de sus risas.
—Escuché que este año no es lectura de poesía, sino baile —dijo un chico vestido con ropa de marca, con el rostro lleno de desdén y sorna.
—¡Pff! —Al oír eso, los estudiantes de alrededor se rieron aún más fuerte—. ¿Bailar justo después de nuestra diosa Lucrecia? ¡Qué agallas tienen los del Instituto Altamira!
Todas las preparatorias de la capital participaban en el festival, cada una con un número, y se presentaban por zonas. El Instituto Altamira y el Instituto de la Capital estaban cerca, así que su presentación estaba programada justo después.
—Exacto. Nuestra Lucrecia es campeona de competencias de baile, tiene buenas notas y una imagen impecable. ¿Quién mejor que ella para la portada del periódico?
—El primer lugar de este año es para Lucrecia, sin duda.
—No digan eso, amigos.
Ante la lluvia de halagos, Lucrecia, que se estaba maquillando, no pudo evitar sonrojarse. Bajó la cabeza, mostrando un rostro tímido y arrebolado, y dijo con voz melindrosa:
—Hay muchos participantes talentosos esta vez, todos parecen muy buenos. No estoy segura de poder ganar.
Aunque eso decía, por dentro estaba exultante. El festival de este año era diferente a los anteriores. No solo había un premio en efectivo, sino también la oportunidad de aparecer en la portada del periódico. Eso aumentaría drásticamente su notoriedad en el círculo de las debutantes de la capital y le daría acceso a un entorno social más exclusivo.
Quizás… incluso podría conocer a un heredero de una familia más rica y poderosa que Silvino. Como, por ejemplo, el hombre más famoso de la capital, el nieto mayor de la prestigiosa familia Lucero: Rogelio.
Había oído que estaba soltero y no tenía novia. Si lograba captar su atención y entrar en la familia Lucero, su vida estaría resuelta.
Por eso había elegido una coreografía de Niebla de alta dificultad y había empezado a prepararse con mucha antelación. Ya había ganado un premio con ese baile; no había razón para que fracasara en el festival. Estaba decidida a conseguir esa portada.
—Bueno, bueno —intervino el chico que le cargaba el bolso a Lucrecia, agitando la mano—. En un día tan bueno, no mencionemos a esa bola de mediocres del Instituto Altamira.
—Sí, sí —secundó otro—. Solo pensar en ellos me revuelve el estómago. Mantengámonos alejados para que no se nos vaya a pegar la mala vibra de los pobres.

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