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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 316

Esta vez, sentía que en el examen de simulación a sus alumnos les había ido bastante bien. Pero al ver la expresión de Andrea, era como si a las otras escuelas les hubiera ido aún mejor. Simplemente, el nivel general había subido. Se había alegrado para nada.

—¿Qué le dijeron? —Los otros profesores también estaban con el corazón en un puño, extremadamente nerviosos, y trataron de consolarla—: No se desanime, todavía nos queda un mes.

—Es cierto, he visto que los chicos se han estado esforzando mucho últimamente. Si acumulamos un poco más de conocimiento en el tiempo que queda, sus calificaciones seguro que mejorarán.

—Directora, usted siempre dice que no debemos compararnos con los demás, solo con nosotros mismos. No importa qué tan bien les vaya a otras escuelas, nuestro objetivo es que nuestros alumnos entren a la universidad.

Escuchando las palabras de consuelo de sus colegas, Andrea pareció salir de su trance. Movió sus labios y dijo:

—Sí, era una llamada de la secretaría, pero…

¿Pero qué? Al oír eso, todos los profesores contuvieron la respiración, mirándola fijamente.

—El encargado de las clasificaciones dijo que el Instituto Altamira no quedó en último lugar —dijo Andrea, y finalmente una sonrisa apareció en su rostro. Su voz denotaba una clara emoción—. No solo no quedamos en último, sino que subimos más de diez puestos.

»Y lo más importante: antes solo teníamos un estudiante entre los 100 mejores del estado. Ahora, tenemos uno entre los 50 mejores y más de diez entre los 100 mejores.

»La calificación de Elena es incluso mejor que la de muchos estudiantes del grupo de élite del Instituto de la Capital. Y no está muy lejos del primer lugar estatal en este examen de simulación.

—¿De verdad? —Al escuchar a Andrea, todos los profesores soltaron un suspiro de alivio. Con sonrisas radiantes, comenzaron a elogiarse a sí mismos.

—Se los dije, ¡mis clases de matemáticas subieron el promedio!

El profesor de literatura respondió:

—Vaya, qué modesto. Con las preguntas de rellenar los huecos de los poemas, cada alumno sumó cinco puntos directos. Además, esta vez le atinamos al tema del ensayo.

Los elogios llovieron sobre Aldana, casi ahogándola.

—Por cierto —dijo el profesor de matemáticas, cambiando de tema después de suficientes halagos—, Aldana Carrillo, ¿no tendrás por ahí una guía de estudio aún mejor?

—La tengo —respondió Aldana después de pensarlo un momento. Levantó lentamente la cabeza y murmuró—: Pero con una condición.

—Tú dirás, ja, ja —dijeron los demás profesores, estirando el cuello como polluelos hambrientos.

—De ahora en adelante, cuando dejen tarea, no quiero hacerla —dijo Aldana en voz baja.

El asunto era que Rogelio siempre terminaba haciéndole la tarea. Y ella tenía que esperarlo a que terminara para poder dormirse. Al final, la perjudicada era ella. Para poder dormir bien, tenía que hacer esto. Sí. Era por su propio bien, absolutamente no porque le diera lástima Rogelio.

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