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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 324

Sin el menor miedo.

Aldana apartó la vista con indiferencia, metió las manos en los bolsillos y salió del lugar con aire despreocupado, seguida por los otros cuatro.

A su paso, los esbirros que había derribado a patadas se atrevían a sentir rabia, pero no a demostrarla, y agacharon la cabeza uno por uno.

El restaurante entero quedó en un silencio sepulcral.

Solo cuando estuvo segura de que los cinco se habían ido, Clara perdió el control y tiró al suelo todo lo que había sobre la mesa.

—¡Ahhh!

Clara se agarró la cabeza y soltó un grito de humillación.

—Clara —Lucrecia se acercó fingiendo inocencia, tomó la mano de Clara y dijo con los ojos enrojecidos y voz débil—: Ahora sí me crees, ¿verdad? Con Aldana respaldándola, Inés se atrevió a levantarte la voz hoy. Mañana va a querer quitarte tu lugar como la heredera de los Palma.

»Clara, si quieres acabar con Inés, primero tienes que acabar con Aldana —añadió Lucrecia, echando más leña al fuego—. Una vez que Aldana esté fuera de la jugada, Inés no será más que una mosca muerta. Y entonces, su vida y su muerte dependerán de una sola palabra tuya, ¿no crees?

—Inés… Aldana… —al escuchar a Lucrecia, la rabia de Clara ardió con más fuerza. Con los ojos inyectados en sangre, juró con ferocidad—: No voy a dejar que ese par de zorras se salgan con la suya.

—Ah, por cierto —dijo Lucrecia en voz baja, ocultando una sonrisa de satisfacción—, el viejo con el que anda Aldana es el chofer de Rogelio, del Grupo Lucero.

—¿Y qué si es de los Lucero? —espetó Clara, fulminándola con la mirada—. No anda con Rogelio. ¿Crees que los Palma le van a tener miedo a un miserable chofer?

Al pensar en la humillación que acababa de sufrir, un profundo odio comenzó a crecer dentro de Clara.

Lucrecia sonrió para sus adentros, satisfecha.

———

Ya fuera del restaurante, Aldana caminaba al frente e Inés la seguía dócilmente a su lado. Llevaba la cabeza agachada; toda la valentía de hacía un momento se había esfumado.

—¿No tienes curiosidad por saber por qué no revelé el secreto de Clara? —preguntó Aldana, con un dulce en la boca.

—Es un secreto —Aldana apartó la vista y le hizo un gesto a Inés—. Anda, vuelve a clase.

Era mejor que una niña no supiera nada de los asuntos del Sindicato Cero.

—Oye —Aldana recordó algo de repente y detuvo a Inés. Se arregló el cabello—. ¿Tú qué piensas de Willy? ¿Qué tal te cae?

—¿Eh? —Inés se quedó desconcertada un instante y de inmediato se puso muy derecha—. Wilfredo es una buena persona.

—¿Y qué más?

—¿Qué más podría haber? —preguntó Inés, completamente confundida.

Aldana sonrió. La reacción de Inés le recordaba un poco a ella misma en el pasado.

*Ay, Willy… Tienes un largo camino por delante.*

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