—¿A qué te refieres, entonces?
Aldana desenroscó la tapa de su termo y bebió varios sorbos antes de decir:
—Se queda hasta las tres de la mañana haciendo tarea varias noches seguidas y al día siguiente sigue como si nada. Si eso no es tener buena condición, ¿qué es?
Leonardo, en cambio, no aguantaba tanto.
El día que terminaron de grabar el video musical, quedó prácticamente deshecho.
En cuanto a resistencia física, Rogelio era definitivamente el mejor.
Elena quería llorar, sentía que entendía demasiado.
Pero, vamos.
Era una chica joven, no le gustaba el alcohol ni las apuestas, ¿qué tenía de malo que le gustaran los chicos guapos?
—Oye, Aldana, ¿de verdad crees que puedas conseguir que venga Leonardo Valencia?
Elena cambió de tema.
—Lo intentaré.
Aldana sacó su celular y sus dedos se movieron rápidamente sobre la pantalla.
—Si no logro convencerlo, tendré que usar métodos especiales. Como secuestrarlo.
—¿Qué?
Elena se asustó y trató de disuadirla apresuradamente.
—Aunque el señor Lucero es influyente, Leonardo Valencia odia a la gente que abusa de su poder. No vayas a ofenderlo, no querrás perder tu papel de protagonista.
—De acuerdo.
Aldana sonrió sin dar más explicaciones.
—Seré más amable.
— — —
Cuando Leonardo recibió la llamada de su hermana, estaba conduciendo por la autopista.
—Aldi.
Leonardo deslizó para contestar, su tono de voz era suave.
—La escuela va a organizar una gala para animar a los de último año antes de los exámenes. Si tienes tiempo, ¿podrías venir a cantar un par de canciones? A los chicos de mi clase les gustas mucho.
—¿Qué?
Al escuchar a su hermana, Leonardo sonrió con resignación.
—Aldi, ¿sabes cuánto cobra tu hermano por presentación?
Y ella le pedía que fuera a una escuela a cantar para estudiantes.
—Sí, lo sé, millones.
No sabía si había salido a su padre o a su madre.
Por ahora, no se parecía ni a él ni a Wilfredo.
Al pensar en su familia... La sonrisa en el rostro de Leonardo Valencia se desvaneció gradualmente, y su expresión se tornó sombría.
Se preguntaba cuándo podrían encontrar a los demás.
Justo cuando Leonardo estaba perdido en sus pensamientos, un rugido ensordecedor llegó desde fuera de la ventana.
—Tsk.
Leonardo era especialmente sensible a los ruidos, y como la motocicleta se había detenido justo a su lado, el sonido era aún más molesto para sus oídos.
Miró por la ventana y vio a alguien con una chaqueta de cuero, cabello rubio y corto, y piel muy blanca...
Debía ser un hombre, estaba hablando por teléfono.
Su expresión y su tono de voz eran particularmente vulgares.
—Querida, nena, tu chico ya llegó a la capital. ¿No vas a salir para que te consienta como te mereces?
Sombra arqueó una ceja, forzando la voz a propósito.
—¿Ya te olvidaste de mí solo porque tienes novio? ¿Acaso te diviertes más con él que conmigo?
Leonardo frunció el ceño, y unas palabras le vinieron a la mente: el típico fanfarrón de motocicleta.
Qué mal gusto.

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