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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 340

—¿Qué ibas a decirme? —preguntó Aldana mientras comía su pan, mirando a Rogelio.

—Nada.

Rogelio ya no tenía ganas de comer. Ahora solo pensaba en que debía investigar a fondo a ese tal Sombra. Conoce a tu enemigo y a ti mismo, y saldrás victorioso en cien batallas.

Aldana comía más despacio, mirando fijamente a Rogelio.

Lleva raro desde ayer. ¿Quién lo habrá molestado? ¿Iván? ¡¿O Eliseo?!

— — —

Instituto Altamira.

Después de conseguir los materiales de estudio y de llevar a Leonardo Valencia a la escuela, Aldana se había convertido, de facto, en la «jefa» de todo el instituto.

Los profesores la saludaban amablemente al pasar: —Aldana Carrillo, ¿ya comiste?

Los compañeros bajaban la cabeza con respeto al verla: —Alda.

En el trayecto de cinco minutos desde la entrada de la escuela hasta su salón, Aldana debió de escuchar el nombre «Alda» más de cien veces. Ya estaba hasta mareada.

Acababa de sentarse, sin siquiera tener tiempo de recuperarse, cuando Galileo, Elena y Tania se acercaron en bloque y se sentaron frente a ella. Los demás compañeros los siguieron, rodeándola por completo. Apoyaron la barbilla en las manos y la miraron fijamente, con los ojos brillantes.

—Pueden conseguir fotos autografiadas de Leonardo, pero tendrán que ganárselas con sus calificaciones —dijo Aldana mientras guardaba su mochila en el cajón y sacaba sus libros con calma—. En el examen semanal, por cada punto que suban en su calificación total, obtendrán una foto firmada. Aquellos que suban más de 30 puntos podrán elegir una foto con dedicatoria especial.

—¿De... dedicatoria especial?

Al oír esto, las chicas se emocionaron al instante.

—Dedicatorias decentes —Aldana frunció el ceño, hablando muy en serio—. Con sentimiento, no con malas intenciones.

Se refería a cosas como los abdominales, el torso desnudo y demás...

Las caras de las chicas se pusieron rojas como un tomate.

—¿Entendido? —preguntó Aldana.

—Entendido —respondieron todos.

A Aldana le picó la curiosidad y echó un vistazo hacia afuera. A esa hora, antes de que empezaran las clases, los pasillos solían estar llenos de estudiantes bromeando y jugando.

—Se fueron todos a sus salones a estudiar para conseguir las fotos firmadas.

Galileo le levantó el pulgar a Aldana, lleno de admiración.

—Alda, si hubieras llegado antes al Instituto Altamira, el Instituto de la Capital no tendría nada que hacer contra nosotros.

—No digas tonterías —le espetó Aldana, mirándolo de reojo y señalando con la barbilla—. ¿Ya te aprendiste el vocabulario?

—Oh.

Galileo encogió el cuello de inmediato y se puso a estudiar con seriedad. Él también quería una foto firmada por Leonardo Valencia.

Je, je.

Justo cuando Aldana terminaba de gestionar el asunto de las «fotos firmadas», su celular vibró.

Sombra: [La subasta médica de este año se celebrará en la capital. Fecha: este fin de semana.]

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