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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 355

*Tac, tac, tac...*

Se oyó el sonido de unos zapatos de suela dura resonando en la entrada, y Aldana se giró por instinto.

—Ahí viene Rogelio.

Sombra, Leonardo y Wilfredo miraron en la misma dirección.

—¿Cómo sabes que es él? —preguntó Sombra, dando un gran paso para pegarse a Aldana y mirando el espacio vacío, confundida.

—Intuición.

Aldana, con las manos en los bolsillos, levantó ligeramente su hermosa barbilla, su tono relajado y despreocupado.

—¿Qué demonios?

Sombra casi creyó haber oído mal. ¿Desde cuándo Alda podía leer la mente a distancia?

Justo al terminar de hablar, la puerta de cristal al fondo se abrió, y una figura alta y esbelta apareció ante sus ojos.

El hombre vestía un traje casual de color azul marino, con el cuello de la camisa entreabierto. La fría luz blanca iluminaba su perfil severo, y todo su ser emanaba una elegancia y nobleza naturales, como una deidad, que inspiraba un respeto que impedía acercarse o profanar su presencia.

Con la cabeza ligeramente inclinada, sus ojos profundos miraban al frente sin emoción, hasta que se posaron en cierta jovencita. En ese instante, la frialdad de su mirada se llenó de miles de estrellas, atrapando a quien la viera.

Sombra entrecerró los ojos, evaluando a Rogelio en silencio.

Antes solo había visto fotos, y le parecía que estaba bien.

Pero al verlo en persona…

Tsk, tsk.

Realmente tenía una fachada capaz de seducir a las mujeres; no era de extrañar que Alda hubiera caído.

Las pupilas de Leonardo y Wilfredo se dilataron mientras miraban fijamente a Rogelio.

Pensativos.

El hombre mayor se veía diferente hoy.

¿Se había arreglado a propósito?

Parecía varios años más joven.

—Aldi.

Rogelio se acercó con una sonrisa, pero al ver al “hombre” a su lado, la sonrisa se fue endureciendo hasta desaparecer.

¿Así que él era Sombra? A simple vista, de unos veinte años, vestido como un universitario, lleno de energía, radiante y atractivo.

Comparado con él, él mismo sí que era un poco mayor.

Aldana miró a Rogelio con una expresión de culpabilidad.

Cuando le había “soltado” eso a Sombra, acababa de conocer a Rogelio.

En ese momento, el hombre era realmente insistente, y tenía buenas razones para sospechar que sus intenciones no eran buenas.

Pero quién iba a pensar que Sombra se atrevería a sacar a relucir sus trapos sucios delante de Rogelio.

La expresión de Rogelio se ensombreció, pero no porque la chica hubiera dicho que era viejo.

Sino porque su Aldi, en ese preciso momento, estaba en contacto íntimo con Sombra.

La boca de Sombra estaba tocando la palma de su mano.

¡Ni él la había tocado así!

—Entiendo, no hace falta que expliques.

Rogelio frunció el ceño con fuerza, atrajo a la chica hacia su lado y, aprovechando su altura para mirar a Sombra desde arriba, curvó los labios.

—Los amigos de Aldi son mis amigos. Las bromas entre amigos son normales.

—Qué hospitalario, señor Lucero.

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