—En cuanto a las que mencionas…
Aldana las recorrió con la mirada y dijo con voz grave: —Ve a ver las fotos anteriores. Después de compararlas, entenderás por qué.
Daniel no se atrevió a decir más y abrió de inmediato su laptop. Había tomado registros de cada planta cuando llegaron.
Efectivamente, tal como había dicho la señorita Carrillo, las que fueron descartadas eran las que mejor estaban al llegar. En una semana, se marchitaron a una velocidad impresionante. En cambio, las diez macetas que quedaron apenas habían cambiado.
—Señorita Carrillo, ¿cómo es que recuerda todo eso? —preguntó Daniel, asombrado.
¡Eran cientos de plantas!
—¿Eh? —Aldana se quedó perpleja por unos segundos, y luego respondió con resignación—: ¿Supongo que mi memoria es regular? Se podría decir que tengo memoria fotográfica.
¿Memoria fotográfica? ¿Y a eso le llama «regular»?
La comisura de la boca de Daniel se crispó violentamente. Se sentía ofendido. Como si le hubieran dado una bofetada de la nada.
Qué mal se sentía.
—Puede continuar con sus asuntos —dijo Aldana, volteando a ver a Daniel cortésmente—. Gracias por su arduo trabajo durante este tiempo. A partir de ahora, yo me encargaré personalmente del cultivo.
—No es ninguna molestia, de verdad.
Daniel agitó las manos rápidamente, con una sonrisa que era todo un poema.
El método de cultivo se lo había enseñado la señorita Carrillo. En esa semana, había aprendido un montón de cosas.
—Señorita Carrillo, para futuros trabajos de este tipo, acuérdese de llamarme, ¿eh?
—Claro.
Aldana frunció los labios y, sin decir más, se metió en el laboratorio.
—
Una hora después, tras terminar sus asuntos en el laboratorio, Aldana se colgó la mochila y se disponía a irse cuando vio a Daniel sentado en una mesa, luchando con una fórmula química con cara de frustración.
Aldana reconoció de inmediato que era la fórmula P3.0 que Rogelio había comprado en la subasta días atrás.
—¿Por qué los datos están mal?
Daniel se rascó su cabeza calva con un peine, suspirando con desesperación.
Aldana se acercó, echó un vistazo rápido a la proporción de la fórmula y a los datos en la computadora. Luego, actuó, añadiendo 2 ml de agua destilada al frasco.
—Prueba a analizarla de nuevo.
¿Amor platónico?
Félix frunció ligeramente el ceño y abrió los ojos lentamente para mirar por la ventana.
¿Era ella?
Hoy no llevaba cubrebocas y se había quitado la gorra, dejándola a un lado y revelando su rostro por completo. La luz amarillenta de un farol caía justo sobre ella, haciendo que sus facciones, ya de por sí exquisitas, se vieran aún más hermosas y deslumbrantes.
Esa cara… ¿por qué le resultaba tan familiar?
¿La había visto en algún otro lugar?
*Tum, tum, tum...*
Félix se llevó instintivamente la mano al corazón palpitante, con la mirada fija en el rostro de ella, incapaz de apartarla.
¿Sería posible que de verdad fuera… amor a primera vista?
—Doctor Hidalgo, la oportunidad no se presenta dos veces.
El asistente le recordó con una sonrisa: —Parece una chica dulce y está sola. Es su momento de brillar.

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