«¿Pequeña novata?».
El Viejo Pelón estaba muy alterado. ¿Se refería a ella?
—¡Ay! —exclamó Marcela en ese momento—. Niña, entraste por la puerta dos. La abuela te estaba esperando en la entrada principal.
—Hola, doña Marcela —dijo Aldana, apartando la vista y enderezándose para saludar con respeto y cortesía.
—¡Qué va! ¡No seas tan formal! —dijo Marcela, tomándola del brazo con cariño y con una sonrisa de oreja a oreja—. ¡Igual que ese nieto malagradecido, llámame abuela!
«¿Abuela?».
Después de unos segundos de silencio, Aldana movió los labios y, finalmente, dijo en voz baja—: Hola, abuela.
—¡Sí! —exclamó Marcela, primero sorprendida y luego radiante de alegría.
La verdad es que solo lo había dicho por decir.
Las veces anteriores, la niña se había mostrado un poco distante y solo la llamaba doña Marcela.
Como el tonto de su nieto aún no la había conquistado, no quería forzar las cosas.
Pero no se esperaba esto.
¡Ese nieto suyo no era tan inútil después de todo!
—¡Qué bien, qué bien! —exclamó Marcela, rebosante de felicidad y con un cariño que se le salía por los poros. Su voz se volvió increíblemente suave—: ¿Por qué no entras?
Aldana abrió la boca para responder, pero antes de que pudiera decir nada, la voz de Paolo resonó primero.
—¡Maestra!
Al segundo siguiente, Paolo se levantó de un salto, corrió hacia la puerta con incredulidad y miró a Aldana con una mezcla de sorpresa y alegría—: ¿Qué hace usted aquí? Justo estaba pensando en buscar una oportunidad para visitarla personalmente. Por cierto —Paolo, frente a su maestra, adoptó una actitud sumamente humilde, inclinándose y haciendo reverencias—, ese chico, Félix, ¿no le ha causado problemas?
Aldana lo miró sin expresión y dijo con voz gélida—: ¿Qué oí hace un momento sobre una “pequeña novata”?
—¡Ah, sí! —exclamó Paolo, enfadándose al recordar el tema. Se acercó a Aldana y le susurró al oído para quejarse—: Doña Marcela conoció a una pequeña charlatana por ahí y no para de decir que es un genio con grandes habilidades médicas.
Aldana no dijo nada, simplemente lo escuchó quejarse.
—Todavía está en la preparatoria, ni siquiera ha estudiado medicina de forma sistemática. ¿Qué clase de genio es ese? —continuó Paolo, sintiéndose mucho mejor después de desahogarse—. Para mí, no es más que una pequeña novata.

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