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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 421

—¡Hablen de una vez!

Al ver que los dos hombres la miraban fijamente, Aldana alzó sus claros ojos y, con sus labios rosados entreabiertos, dijo:

—Si no les gusta…

—¡La quiero, la quiero, claro que la quiero!

Héctor se levantó cojeando y, juntando las manos, hizo una reverencia muy respetuosa a Aldana.

—¡Gracias, Aldana! ¡Viva Aldana!

Una ES1 escocesa.

Eso no estaba ni cerca del nivel de la motocicleta que él quería.

Ni en sus sueños más locos.

Jamás se habría atrevido a soñar con una moto así.

Y Aldana se la ofrecía como si nada.

—De acuerdo. —Aldana sacó su celular y le envió un mensaje a Sombra.

—En una semana, una persona la traerá a la mansión.

—Perfecto.

Héctor no podía borrar la sonrisa de su rostro, y sus ojos estaban prácticamente pegados a Aldana.

—Ya basta. —Rogelio se paró frente a Héctor, bloqueando su vista, y miró a la joven con ternura—. Es hora de que vuelvas a descansar, mañana tienes clases.

—Sí.

Aldana asintió levemente y, antes de irse, le recomendó a Héctor que se cuidara bien la herida.

***

En el deportivo.

Rogelio miraba de reojo a la joven a su lado de vez en cuando. Tenía demasiadas preguntas en la cabeza.

Quería preguntar, pero no sabía por dónde empezar.

Y, sobre todo, temía ofenderla.

—¿Qué quieres preguntar? —Aldana se reclinó en el asiento, jugando en su celular con una postura relajada—. ¿Tienes curiosidad por saber por qué soy tan rica?

—Sí.

Rogelio esbozó una sonrisa resignada, se acercó a ella y le susurró:

—Mucha curiosidad. ¿Me lo contarías, Aldi?

—Pues…

Aldana movía los dedos sobre la pantalla, arqueando una ceja con indiferencia.

—Gané algo de dinero con unos negocios, luego probé a invertir en la bolsa como otros, y empecé a ganar más y más.

—Cuanto más dinero tenía, más invertía en diferentes cosas. Y bueno… se me fue de las manos.

—¿Invertir en la bolsa?

Rogelio se sorprendió, tratando de recordar todas las habilidades ocultas de la joven.

Eran muchísimas.

Incluso había algunas que no podía recordar en ese momento.

—¿Cuánto tiempo te llevó aprender a invertir en la bolsa? —preguntó Rogelio con voz ronca.

Aldana le lanzó una mirada tranquilizadora, con un tono despreocupado.

—De momento puedo manejarlo. Antes de acabar con él de una vez por todas, tengo un pequeño plan.

Por ejemplo.

¿Acaso la Alianza del Cracker no había querido siempre apoderarse del Submundo del Continente del Sur?

Pues iba a pagarles con la misma moneda.

Ella también tenía esa intención.

Además…

El Continente del Norte era un lugar realmente agradable, con hermosos paisajes y una economía próspera.

Y también…

La mirada de Aldana se posó en el rostro de Rogelio, y una sonrisa casi imperceptible se dibujó en sus labios carmesí.

«La gente de aquí…»

«Tampoco está nada mal».

Por eso.

Tenía aún más ganas de acabar con ese vejestorio y tomar el control del Continente del Norte.

—¿Representa una amenaza para ti?

Rogelio se enderezó, con una expresión terriblemente seria y el rostro lleno de preocupación.

—¿Podría hacerte daño?

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