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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 459

—¡Han secuestrado a la señorita Carrillo!

Al oír la voz emocionada de Eliseo, Rogelio levantó la vista y lo miró con frialdad.

—¿Qué ha pasado?

—Señor.

Eliseo, conteniendo la risa a duras penas, le entregó el teléfono respetuosamente.

—Este es el video de la escena.

—Je.

Al escuchar la conversación entre la joven y sus captores, el hombre de rostro severo esbozó una sonrisa, sus ojos se llenaron de ternura y afecto.

¿Que se mareaba y tenía que sentarse en el asiento del copiloto?

¿A eso le llamaban «secuestro»?

Con esa actitud intrépida, más que una víctima, parecía la jefa de los secuestradores.

—Jefe, ¿deberíamos enviar a alguien para que vigile a la señorita Carrillo en secreto? —preguntó Eliseo con cautela.

—No es necesario. —Rogelio curvó los labios, su voz era magnética—. Esos secuestradores no son rival para ella. Últimamente ha estado muy estresada con los estudios, déjala que se divierta un poco.

¿Que se divierta?

Eliseo chasqueó la lengua, casi mordiéndosela.

Esos cuatro secuestradores eran conocidos en el mundillo por su crueldad…

¿Y solo servían para que la señorita Carrillo se divirtiera?

Qué bárbara.

—Además… —Eliseo hizo una pausa y continuó con su informe—. La familia Palma se prepara para actuar contra Inés.

—¿Y la gente que la protege?

—Todo está listo —respondió Eliseo—. Iván dirige el equipo personalmente, garantizando que no habrá ningún imprevisto.

—Perfecto.

Rogelio asintió satisfecho. Apartó la vista y llamó a Eva.

—Prepara más comida para esta noche. Aldi habrá gastado mucha energía y probablemente tendrá hambre.

—¿Adónde ha ido la señorita Carrillo? —preguntó Eva en voz baja.

—Jefe, todavía tardarán un poco en llegar. ¿Por qué no nos relajamos un poco? —dijo el secuestrador con impaciencia—. ¡Usted primero!

El líder miró a Aldana, la sangre le hervía en las venas.

Mierda.

Esa cara, ese cuerpo, esa actitud…

Era incluso más excitante que las estrellas de la televisión. Sería una pena no probarla.

—De acuerdo. —Dijo el líder mientras se desabrochaba el cinturón—. Esperen aquí, yo…

Mientras hablaba, su sucia mano intentó tocar la cara de Aldana.

A unos centímetros de distancia, Aldana levantó la vista de repente y le dio una patada en el estómago.

El hombre salió despedido y tardó un buen rato en recuperar el aliento en el suelo.

—Atrápenla… —El líder se sujetó el estómago, su voz era un gemido de dolor—. ¡Sujeten a esa zorra!

—¡Sí, jefe!

Los otros secuestradores, que se estaban quitando la ropa, se quedaron paralizados por un momento al ver la escena y luego se abalanzaron sobre ella.

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