—¡Han secuestrado a la señorita Carrillo!
Al oír la voz emocionada de Eliseo, Rogelio levantó la vista y lo miró con frialdad.
—¿Qué ha pasado?
—Señor.
Eliseo, conteniendo la risa a duras penas, le entregó el teléfono respetuosamente.
—Este es el video de la escena.
—Je.
Al escuchar la conversación entre la joven y sus captores, el hombre de rostro severo esbozó una sonrisa, sus ojos se llenaron de ternura y afecto.
¿Que se mareaba y tenía que sentarse en el asiento del copiloto?
¿A eso le llamaban «secuestro»?
Con esa actitud intrépida, más que una víctima, parecía la jefa de los secuestradores.
—Jefe, ¿deberíamos enviar a alguien para que vigile a la señorita Carrillo en secreto? —preguntó Eliseo con cautela.
—No es necesario. —Rogelio curvó los labios, su voz era magnética—. Esos secuestradores no son rival para ella. Últimamente ha estado muy estresada con los estudios, déjala que se divierta un poco.
¿Que se divierta?
Eliseo chasqueó la lengua, casi mordiéndosela.
Esos cuatro secuestradores eran conocidos en el mundillo por su crueldad…
¿Y solo servían para que la señorita Carrillo se divirtiera?
Qué bárbara.
—Además… —Eliseo hizo una pausa y continuó con su informe—. La familia Palma se prepara para actuar contra Inés.
—¿Y la gente que la protege?
—Todo está listo —respondió Eliseo—. Iván dirige el equipo personalmente, garantizando que no habrá ningún imprevisto.
—Perfecto.
Rogelio asintió satisfecho. Apartó la vista y llamó a Eva.
—Prepara más comida para esta noche. Aldi habrá gastado mucha energía y probablemente tendrá hambre.
—¿Adónde ha ido la señorita Carrillo? —preguntó Eva en voz baja.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector