—El conductor del camión ya ha confesado y ha confirmado que usted le ordenó atacar a Inés —dijo el agente—. Sumado a estas pruebas... se enfrenta a una pena mínima de cinco años. Le recomiendo que se busque un buen abogado.
—¡Imposible!
Al oír que iba a ir a la cárcel, Cristián se levantó de un salto, completamente descompuesto.
—¡Todo esto es una trampa de Aldana e Inés! ¡No voy a confesar!
—Señor Palma, por favor, cálmese —le advirtió amablemente el agente.
—¡Quiero ver a mi abogado! —Cristián, habiendo perdido por completo la cabeza ante la idea de pasar sus mejores años en prisión, empujó la mesa y se dispuso a salir.
—¡Deténganlo!
Los agentes se abalanzaron sobre él, pero Cristián se resistió con fuerza.


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