¿El centro de convenciones?
Rogelio levantó la cabeza y recorrió los alrededores con una mirada gélida.
Aunque se había enfrentado a Fantasma en varias ocasiones, nunca le había visto la cara.
Solo recordaba vagamente que era un hombre, y no precisamente joven.
(Aldana: ¿Quién lo entiende? Sombra me obligó a disfrazarme del padre de unos vejestorios de la base, por eso parecía mayor).
[¿Estaría entre la multitud?].
—Aldi... —Rogelio se ajustó la mascarilla, colocó suavemente la mano en la cintura de la joven y dijo en voz baja—: ¿Cambiamos de sitio?
—¿Mmm?
Aldana sintió curiosidad, pero aun así se sentó en el lugar de Rogelio.
—Sigue jugando.
Rogelio sonrió satisfecho, su expresión se relajó un poco.
A la derecha de ella había una columna que ocultaba parte de su cuerpo.
A su izquierda estaba él...
Si ocurría algo peligroso, podría protegerla.
Al mismo tiempo.
Aldana también recibió un mensaje de Sombra: [Ese vejestorio de la Alianza del Cracker anda cerca del centro de convenciones.].
Aldana dejó de jugar y recorrió el lugar con una mirada fría.
Nadie parecía ser un rival digno.
[¿De verdad estaría ese vejestorio aquí dentro?].
Diez minutos después.
La competencia entró en la cuarta ronda.
Había un total de seis finalistas. Los jueces harían preguntas, y el que respondiera correctamente al mayor número, obtendría la plaza.
Las preguntas fueron elaboradas por las grandes figuras de la alianza médica mundial.
Para garantizar la imparcialidad, la base de datos contenía tres series de preguntas diferentes.
Siguiendo el procedimiento, los seis concursantes subieron al escenario uno por uno.
Mientras uno respondía, los demás esperaban en una sala aislada, sin poder oír las preguntas ni las respuestas.
El primero en subir fue un montelunense, que casualmente eligió la primera serie de preguntas.
El juez preguntaba, y él respondía.
Respondía con tal fluidez que parecía que se había aprendido las respuestas de memoria.
Veinte preguntas.
Todas correctas.
El público estalló en un estruendoso aplauso, y los jueces también sonrieron satisfechos.
Aldana entrecerró los ojos, una sonrisa irónica se dibujó en sus labios.
Ese tipo... lo había observado de reojo mientras esperaba a que comenzara su juego.
¡Por Dios!
Durante la presentación de su investigación, había tartamudeado y balbuceado, más lento que el perro que tenía en la base.
[¿Y ahora respondía preguntas tan difíciles con esa fluidez?].
¡Nadie se lo creería!
En menos de dos minutos, había hackeado la base de datos de la alianza médica.
Sin detenerse...
tardó unos minutos más en cambiar todas las preguntas de la segunda y la tercera serie.
[¿Inventando preguntas sobre la marcha?].
Rogelio, aunque no era un experto en medicina, tenía algunos conocimientos.
La serie de preguntas que Aldi había creado tenía una dificultad moderada, pero ponía a prueba los fundamentos de los concursantes.
Lo más importante...
era que nunca le había enseñado esas preguntas a Félix.
Era justo.
Justo cuando terminó de cambiar las preguntas, el tercer concursante subió al escenario.
Era un hombre de Fendael.
Caminaba con el cuello erguido, con paso firme y arrogante, rebosante de confianza, como si ya supiera que iba a ganar.
—Concursante, ¡por favor, elija una serie de preguntas!
El hombre colocó la mano sobre el ratón, la página se movió y se detuvo en la segunda serie de preguntas.
El hombre, encantado, esbozó una gran sonrisa.
Estaba hecho.
—Veamos la primera pregunta —dijeron los jueces, cómplices. Aunque hicieran trampa, había que seguir el protocolo.
El cuestionario se abrió...
Y la sonrisa de todos los jueces se congeló al instante.

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