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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1723

Sus emociones también eran un mar de altibajos.

***

Mansión Lucero.

Al entrar al gran salón, Héctor vio a un grupo de empleados cuchicheando entre ellos.

—Señorito Héctor, la señora lo espera en el estudio.

—Mhm.

Héctor esbozó una media sonrisa, sin dudar ni un segundo, y subió directamente al segundo piso.

Una vez que desapareció de su vista, los empleados que se habían dispersado volvieron a juntarse y continuaron murmurando en voz baja:

—¿Escucharon? La mujer que le gusta al señorito Héctor es Gilda.

—¿Gilda? —exclamó una empleada, sorprendida—. ¿No es la hermana de Aldana? ¡Eso no puede ser!

La familia Lucero era prestigiosa, poderosa y, sobre todo, estricta con sus normas.

¡Si eso pasara, todo el árbol genealógico sería un completo caos!

Además...

Esa Gilda era cuatro o cinco años mayor que el señorito Héctor.

Casarse con ella no le aportaría el mismo beneficio que unirse a la heredera de una familia influyente.

Ay.

Con razón la señora estaba tan furiosa.

—Yo escuché que fue Gilda quien sedujo al señorito Héctor.

—¿En serio? Quién lo diría, ¡siempre da la impresión de ser tan fría e intocable!

—Hay quienes parecen muy serias por fuera, pero en el fondo son unas sinvergüenzas —comentó una empleada mayor, sin pelos en la lengua—. De todos modos, hagámonos las desentendidas, esos dos nunca van a terminar juntos.

—Ya, ya, a trabajar.

Tras esparcir el rumor, una de las empleadas se escondió en un rincón y le envió un mensaje a escondidas a Alondra Valeriano: [Señorita Alondra, ya dije todo lo que me pidió que dijera, revíselo...]

Alondra: [El resto del dinero te lo transferiré directamente a tu cuenta].

***

El estudio.

—Con la familia de Alondra, podrías consolidar tu posición dentro del Grupo Lucero, ¿lo entiendes?

—Je.

Al escuchar a su madre, Héctor soltó una risa fría, levantó lentamente sus profundos ojos y respondió sin prisa:

—¿Usted quiere una nuera o quiere un patrocinador?

—¿Qué? —Elvia se quedó atónita.

—Si lo que le importa es el dinero... —Héctor se levantó despacio y ladeó la cabeza—. La directora ejecutiva del Grupo Montes, al este de la ciudad, no tiene esposo. Y escuché que últimamente está buscando a un hombre joven para un matrimonio por conveniencia.

—Si me caso con ella, tal vez en un par de años pueda heredar toda la fortuna de los Montes.

—El patrimonio de esa familia es mucho más grande que el de Alondra.

—Si a usted no le importa, puedo contactarla.

—Eso sí, olvídese de los nietos.

Héctor sonrió con sarcasmo y añadió de forma perezosa:

—Después de todo, la señora tiene sesenta y cinco años, no hay que exigirle tanto.

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