—¡¿Qué tonterías estás diciendo, muchacho insolente?!
Elvia casi se ahoga de la rabia. Agarró un cojín que tenía a mano y se lo lanzó con todas sus fuerzas.
Héctor no lo esquivó; lo atrapó, se lo apretó contra el pecho y su sonrisa burlona no desapareció en ningún momento.
—Al final de cuentas es un matrimonio por conveniencia, ¿no sería mejor buscar a alguien con más dinero?
—¿Acaso eso fue lo que quise decir? —Los ojos de Elvia estaban inyectados en sangre—. Eres mi hijo, ¿crees que te haría daño?
—No estaría tan seguro de eso.
Héctor soltó una risa fría y respondió con tono mordaz:
—Escuché que cuando mi abuelo quiso obligarla a casarse con otro hombre, usted lloró, gritó e hizo un escándalo de muerte.
—Si usted pudo luchar por su amor, yo también puedo.
—Yo en ese entonces... —Elvia abrió la boca intentando justificarse, pero no supo ni por dónde empezar.
Lo que pasó en esa época fue tan complicado que no podía resumirse en un par de frases.
—Mamá, ¿ya terminó?
Héctor desvió la mirada, revisó su teléfono y dijo en voz baja:
—Si ya terminó, entonces me retiro.
—Ya terminé, pero quiero que fijes tu postura —exigió Elvia con frialdad.
—Ah.
Héctor se detuvo, se giró hacia su madre y pronunció cada palabra con claridad:
—Escuché todo lo que me dijo, pero no me voy a separar de Gilda.
—Y no solo no me separaré de ella, sino que me voy a casar con ella.
—¿Casarte con ella?
A Elvia le zumbaban los oídos. ¿Acaso todo el discurso que le había soltado esa noche había sido una pérdida de tiempo?
—¡Muy bien! —Elvia lo siguió hasta la puerta y le espetó con frialdad—: ¿Quieres estar con ella? Perfecto. ¡Entonces devuélveme todas las tarjetas de crédito, la casa y el auto!
Héctor se quedó quieto. Tras unos segundos de silencio, sacó su billetera.
Tomó únicamente su documento de identidad y dejó la billetera sobre la mesa.
—Puede cancelar las tarjetas directamente. En cuanto al auto y la casa, ya no los usaré más.
Héctor miró a su madre con resignación y pronunció lentamente:
—¿Quiere que le deje algo más? ¿Mi vida, tal vez?
A Elvia se le hizo un nudo en la garganta y no pudo articular ni una sola palabra.

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