Podían ir ahora mismo y tomar a la Alianza del Cracker por sorpresa.
Era un buen plan.
—Jefa, duerme un rato. Te llamaremos cuando lleguemos —dijo el Calvo, apurando al conductor para que se diera prisa. Estaba ansioso por ajustar cuentas con el líder de la Alianza del Cracker.
Por fin, después de tantos años, podría vengar su viejo rencor.
***
En la fábrica abandonada.
Rogelio manipulaba la computadora, confirmando que esa era la última ubicación donde había aparecido la señal de Submundo.
Además, en los vehículos estacionados afuera, habían encontrado objetos relacionados con Submundo.
—Jefe, ya hemos rodeado el área —dijo Iván con respeto—. Es posible que estén adentro.
—De acuerdo.
Rogelio miró la hora, cerró la computadora, se desabrochó elegantemente los puños de la camisa, se puso una mascarilla y un sombrero, y dijo con frialdad:
—Dame el arma.
—Sí.
Iván le entregó de inmediato un rifle de francotirador M200.
—Tengan cuidado durante la operación —dijo Rogelio con voz gélida mientras ajustaba el arma—. Quien logre capturar a Fantasma con vida, recibirá una mansión en la zona norte de la capital como recompensa.
Una mansión en la zona norte, valorada en al menos ochenta millones.
—Si muere... —Rogelio hizo una pausa de unos segundos y continuó con voz grave—: la recompensa será de veinte millones.
Aunque no se comparaba con la mansión, veinte millones no era una suma despreciable.
Al oír la recompensa, los asesinos de la Alianza del Cracker se entusiasmaron.
Solo tenían un objetivo: acabar con Fantasma personalmente.
—Adelante.
En cuanto Rogelio dio la orden, Iván y Eliseo abrieron las puertas del auto y se posicionaron a sus costados para protegerlo, como si fueran sus guardaespaldas personales.
Los demás miembros se dispersaron rápidamente por todos los rincones de la fábrica, iniciando la búsqueda.
Aldana, liderando a sus hombres, entró por el estacionamiento subterráneo que Rogelio no había detectado.
—Jefa, hay movimiento arriba —dijo el Calvo, interponiéndose delante de Aldana y hablando en voz baja y cautelosa.
¡Bang!
Justo cuando terminaba de hablar, se escuchó un fuerte estruendo desde la esquina.


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