Cuando Rogelio y sus hombres salieron en su persecución, su auto ya estaba muy lejos.
—Jefe, ¿por qué Fantasma se retiró de repente? —preguntó Eliseo, desconcertado—. ¡Eso no es propio de ella!
—Además —Eliseo se rascó la cabeza, murmurando para sí—, Fantasma parecía diferente a como la recordaba, ¡parecía más joven!
—No importa.
Los profundos ojos de Rogelio se entrecerraron lentamente.
—También estará en el Torneo de Hackers, no nos faltarán oportunidades.
A decir verdad, ninguna de las dos partes estaba completamente preparada esta vez.
Si hubieran traído a más gente, al menos habría habido bajas.
Además, parecía que Fantasma también estaba ocupada con algo y quería deshacerse de él rápidamente.
Cuanta más prisa, más fácil es cometer errores.
—Volvamos.
—Sí. —Eliseo se sentó en el asiento del conductor, con la imagen de Fantasma todavía en su mente.
[Qué extraño. Antes vi la silueta completa de Fantasma y de verdad me resultó familiar. Se parecía un poco a... ¡la señorita Carrillo!].
Pensándolo mejor, ¿cuántos años tenía la señorita Carrillo? ¿Cómo podría ser esa vieja de Fantasma? Además, ella estaba descansando en el hotel.
Seguro que el disparo de Fantasma le había provocado alucinaciones.
***
De camino de vuelta, Rogelio se quitó la mascarilla y se miró la herida en el rostro con un espejo.
Estaba justo en el labio. Aunque la herida no era grande, era muy visible.
[¡Maldita sea!].
Rogelio intentó disimularla, pero se dio cuenta de que era difícil.
Esperaba que a Aldi no le importara.
***
En el hotel, Aldana llegó a la habitación, se lavó la cara sin apuro, se metió en la cama y actuó como si nada hubiera pasado.
Diez minutos después, Rogelio abrió suavemente la puerta del dormitorio.
—¿Terminaste? —Aldana estaba recostada en la cama y suspiró aliviada; por suerte, había regresado a tiempo.
Ese gesto era demasiado íntimo.
—Aldi...
Rogelio tomó suavemente la mano de la chica y, entrecerrando los ojos, dijo con voz ronca:
—No toques donde no debes, es muy peligroso.
—¿Ah, sí?
Al ver cómo la miraba con ojos suplicantes, a Aldana de repente le entró la curiosidad y se acercó a él deliberadamente.
—¿Cuán peligroso?
Estaban tan cerca que un ligero movimiento bastaría para que sus cuerpos se tocaran.
Rogelio tragó saliva. Sabía que no tenía mucha resistencia ante ella. Normalmente ya se esforzaba por contenerse, pero si ella lo [provocaba] deliberadamente... él también era un hombre normal.
—¿Quieres saberlo? —Los labios de Rogelio se curvaron ligeramente, su cuerpo se inclinó un poco hacia adelante y sus ojos ardientes se clavaron en los labios rosados de ella.
Sí, quería besarla.
Aunque le rompieran las piernas por ello, estaba dispuesto.

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