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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 523

—¿Por qué no lo intentas tú?

La chica levantó la barbilla. Su rostro, sin una gota de maquillaje, era exquisito y hermoso. La forma en que entrecerraba los ojos le daba un aire de intimidación inexplicablemente poderoso.

—¿Qué dijiste? —Damasco no esperaba que Aldana se atreviera a responderle y su mirada se enfrió al instante.

—Dije...

Aldana frunció los labios y una sonrisa de impaciencia se dibujó en su rostro. Se aclaró la garganta y dijo palabra por palabra: —Si crees que es tan fácil sacar la nota perfecta, ¿por qué no lo haces y nos lo demuestras a todos?

—¡Sssshhh!

Al oír la contundente respuesta de Aldana a Damasco, los estudiantes de alrededor soltaron un murmullo de asombro.

Todos se habían dado cuenta de que Damasco no era alguien con quien se pudiera jugar.

¿Cuánto tiempo llevaban en el entrenamiento militar? Ya los tenía a todos con las mejillas rojas, jadeando y tan dóciles como pollitos.

Lo mejor era mantener un perfil bajo si era posible.

¿Cómo se atrevía Aldana a ser tan descarada y a enfrentarlo públicamente?

¡¿No temía que le guardara rencor y la hiciera pasar un mal rato a propósito?!

***

Damasco se quedó sin palabras ante la respuesta de Aldana y, al escuchar las risas burlonas a su alrededor, se sintió aún más humillado.

—Tú...

La miró fijamente, rechinando los dientes.

—¿Yo? —Aldana lo miró directamente, impávida, y continuó con voz inexpresiva—: Si no lo escuchaste bien, instructor, no me importa repetirlo por tercera vez.

—¡Ja!

Alguien en el frente no pudo evitar reírse al escuchar las palabras de Aldana.

Esa chica era increíble.

—Muy bien.

Damasco apretó los puños, se acercó a Aldana y le advirtió con voz fría: —Más te vale que no cometas ningún error, o te las verás conmigo.

—Ah.

Aldana enarcó una ceja y su displicente «ah» hizo que la amenaza de Damasco se sintiera como un puñetazo a un colchón de plumas.

Él, furioso e impotente, se dio la vuelta y se marchó.

Como no podía desquitarse con Aldana, decidió torturar al resto de los estudiantes del pelotón.

***

El entrenamiento de la mañana terminó.

Diez minutos después.

Aldana se sentó en una mesa con Inés y Elena, con su bandeja en la mano.

Las tres, en perfecta sincronía, se pusieron a comer con la cabeza gacha.

Inés no comía muslos de pollo, así que Aldana se los pidió.

Elena no comía la parte gorda de la carne, así que se la dio toda a Aldana.

—Prima, ¿te estás acostumbrando a la comida del comedor de la Universidad de la Capital? —preguntó Inés con preocupación, mordisqueando sus cubiertos.

Después de todo.

Eva cocinaba delicioso, y la comida del comedor era muy normalita.

—No está mal.

Aldana, que no era nada quisquillosa con la comida, se llevó el último grano de arroz a la boca.

—Menos mal. —Inés asintió y le pasó la sopa—. Alda, toma un poco de esta sopa de calabaza, te ayudará a digerir.

—Claro.

Aldana dejó el tazón y se bebió toda la sopa de un trago.

Mientras se limpiaba la boca, se escuchó la voz de un estudiante de Comunicación y Locución de la mesa de al lado: —He oído que es posible que te elijan a ti como representante de los nuevos estudiantes.

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