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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 540

—Esperen.

El instructor dejó caer sus papeles y corrió emocionado hacia la galería de tiro. Era evidente que él también sentía curiosidad por el resultado final.

Al llegar, se inclinó para examinar de cerca los tres blancos móviles.

¡Sorpresa!

¡¡Sorpresa!!

¡¡¡Sorpresa!!!

¡Una triple sorpresa!

—¿Cómo es posible? —El instructor acarició los agujeros de bala y se volvió para mirar a Aldana, con el rostro lleno de asombro.

—¿Cuál fue la puntuación?

Los compañeros presentes se morían de la impaciencia.

El chico también esperaba ansioso, con el corazón latiéndole cada vez más rápido.

—La puntuación es… diez —dijo el instructor, balbuceando tras unos segundos de estupefacción.

«¿Diez?».

Al oírlo, el chico hizo un gesto de victoria y estalló en júbilo.

«¿Diez puntos sumando los tres disparos? Ni siquiera entra en el top tres, mucho menos me gana. Lo sabía, su puntuación anterior fue por trampa».

—Espera —lo interrumpió el instructor, tragando saliva al ver al chico celebrar—. Creo que entendiste mal. Cuando dije diez, me refería a… que cada uno de los tres disparos fue de diez.

El chico, en medio de su celebración, se quedó helado y miró al instructor con incredulidad.

«¿Qué? ¿Los tres disparos de diez? ¡Eso suma treinta puntos! ¡Me sigue superando!».

No podía creerlo.

No creía que Aldana pudiera ser tan increíble.

Con el rostro serio, el chico echó a correr como un loco hacia la galería de tiro.

El instructor no lo detuvo, dejando que lo viera con sus propios ojos.

Diez.

Diez.

Todos eran dieces.

—¡Ahhh!

El estudiante que originalmente había quedado en cuarto lugar no cabía en sí de la sorpresa.

«¡Jajaja! El karma no perdona, bien merecido lo tiene».

***

Una vez anunciados los resultados, el chico se levantó y trató de escabullirse por un lado.

Aldana se interpuso en su camino, le arrojó el megáfono y dijo con frialdad:

—Grita.

—Me llamo Lázaro Torres. Mi papá es el presidente del Grupo Torres de la capital.

Lázaro miró fijamente a Aldana. Habló en voz deliberadamente baja, pero su actitud seguía siendo arrogante.

La familia Torres.

Una familia de nuevos ricos algo conocida en la capital, que había hecho su fortuna con el negocio de la reventa de carbón.

—Ah, la familia Torres… —murmuró Aldana, cruzándose de brazos y levantando su delicada barbilla, fingiendo estar impresionada.

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