—Jefe, hemos llegado —anunció la voz de Eliseo.
—De acuerdo. —Rogelio sacó un cubrebocas y un sombrero y se los puso a Aldana con cuidado.
Por un lado, al ser la hermana del actor más famoso del país, mucha gente la reconocía.
Por otro, aún no pensaban hacer pública su relación, y que los fotografiaran juntos le traería problemas innecesarios.
Aldana se quedó quieta, dejándose atender por Rogelio sin preocuparse de nada.
—Vamos.
Solo cuando se aseguró de que no se le vería el rostro, Rogelio la tomó de la mano para salir del coche.
El centro comercial estaba bastante concurrido.
La estatura y el porte de ambos eran tan excepcionales que atraían las miradas de la gente a su alrededor.
Por suerte, llevaban el rostro cubierto, así que no importaba si les tomaban fotos.
De repente, mientras caminaban, Rogelio se detuvo y miró hacia una esquina detrás de ellos.
Aldana se detuvo también y lo miró confundida.
—¿Qué miras?
Había estado chateando con Galileo y los demás, y al estar junto a Rogelio, había bajado la guardia, por lo que no había prestado atención a su entorno.
—No es nada.
Rogelio frunció los labios. Tenía la extraña sensación de que alguien los seguía.
«¿Será que estoy paranoico por lo del instructor de la Amazonia que persigue a Aldi?», pensó.
Aunque le dijo a Aldana que no era nada, les hizo una seña a Iván y a Eliseo para que investigaran.
Escondida en una esquina, Gilda observaba a la pareja que se mostraba tan cercana a lo lejos.
Su plan original era encontrarse con Aldana en la ceremonia de clausura del campamento de inducción, aprovechando la multitud.
Pero un imprevisto de última hora le impidió asistir ese día.
Cuando volvió a buscarla, descubrió que se había ido a casa.
Y la persona que la recogió era una figura importante: Rogelio, el presidente del Grupo Lucero.
Estaba rodeada de guardaespaldas encubiertos, lo que hacía imposible acercarse a ella.
Además, su identidad actual era especial, y había firmado un acuerdo de confidencialidad con Nuboria, por lo que no podía revelar quién era.
Por eso, encontrarse con la joven requería aún más cautela.
«¿Rogelio?», se preguntó Gilda, observando detenidamente al hombre que estaba a su lado a través de un resquicio.
Iban de la mano, lo que sugería una relación muy íntima.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector