—Aldana, ¿no estás bromeando?
Los ojos de los compañeros de clase se abrieron como platos mientras preguntaban con cautela:
—¿Conseguiste entradas para la WKL y vas a llevar a toda la clase?
—Sí.
Aldana levantó la mirada con pereza y dijo, palabra por palabra:
—Tengo entradas para toda la clase.
Todos se quedaron boquiabiertos.
Por lo que conocían de Aldana, ella era de las que no hablaban por hablar, pero cuando lo hacía, siempre sorprendía. No era de las que presumían.
Así que…
Realmente había conseguido las entradas.
¡No podía ser!
Ni en sus sueños más salvajes, como fans del Equipo Inmortal, se habrían atrevido a imaginar algo así.
—Oye…
Un estudiante se levantó y preguntó, algo avergonzado:
—¿Puedo preguntar cuánto cuestan? Si son muy caras, prefiero no ir.
Aunque le encantaba el Equipo Inmortal, no podía permitirse una entrada de miles.
—Sí, sí —se unieron otros compañeros—. Aldana, muchas gracias por conseguirnos las entradas. Pero mi mesada es de solo dos mil, realmente no me alcanza.
—Con que me manden algunas fotos del evento será suficiente.
—Son gratis.
Aldana los interrumpió y volvió a explicar:
—No se cobrará nada por estas entradas. Solo tienen que llegar puntuales a la entrada para reunirnos.
¿Gratis?
¡Cielos! ¿Qué había hecho Aldana?
—¡Ahhh!
Un estudiante gritó de la emoción y no paraba de darle las gracias:
—¡Muchas gracias, Aldana! ¡Viva Aldana!
—¿Hay alguien que no vaya a ir?
Aldana miró su teléfono; Rogelio ya había llegado a la escuela. Fue directa al grano.
Nadie sabía qué decir.
Todos negaron con la cabeza al mismo tiempo, afirmando rotundamente que tenían que ir.
—Bien.
Aldana esbozó una leve sonrisa y les recordó:
A simple vista, Aldana parecía saber defenderse. ¿Quién se atrevería a meterse con ella?
¡A menos que quisiera buscarse problemas!
***
Al día siguiente, Aldana se levantó muy temprano. Comió bien y se preparó para salir.
—Te llevo —dijo Rogelio, cogiendo las llaves del coche, pero Aldana lo rechazó de inmediato.
—Hoy es la competencia, las calles estarán muy congestionadas. Iré en mi scooter eléctrica.
—Está bien.
Rogelio nunca interfería en sus decisiones. Le entregó la mochila y dijo:
—No sé cuánto durará la competencia. Aquí tienes agua y algo de comer. Si te da hambre, come algo para aguantar. Eva te preparará algo delicioso para la cena.
—Le pedí a Eliseo que se encargara de todo en el lugar de la competencia, no habrá problemas.
El consorcio tenía una reunión importante ese día, y él debía asistir, por lo que no podía acompañarla.
—De acuerdo.
Aldana tomó la mochila, respondió con indiferencia y salió de casa sin dudar.
*Bang*.
Al oír el sonido de la puerta cerrándose, Rogelio se quedó helado en su sitio, sintiendo una extraña decepción.
Esa chica nunca parecía tomarlo muy en serio.

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