En el país Monteluna.
Pabellón de Tecnología.
Allí se reunían genios de la informática de diferentes países de todo el mundo. La escena era grandiosa e imponente.
—Cuánta gente —dijo Plácido, cargando la funda de su portátil. Se ajustó sus gruesas gafas de leer y observó a su alrededor con curiosidad.
—Han venido muchos titanes del mundo de la informática a competir. —Plácido tragó saliva, visiblemente nervioso—. Aldana, ¿crees que nos eliminarán en la primera ronda?
La competencia constaba de cinco rondas en total. Según los resultados de la fase preliminar, los participantes se dividían en diferentes grupos.
Cada grupo estaba formado por cuatro concursantes. En cada uno, se utilizaba un sistema de presentación y votación anónimas. La obra con más votos resultaba ganadora y pasaba a la segunda ronda para competir contra los ganadores de otros grupos.
Y así sucesivamente.
En la quinta ronda, se votarían tres obras para decidir el primer, segundo y tercer puesto.
—Si no recuerdo mal, la última vez que Boris compitió, lo eliminaron en la tercera ronda, ¿verdad? —preguntó Plácido.
—¿Mmm? —Aldana, vestida con una sudadera negra y una gorra de béisbol, caminaba a su lado con las manos en los bolsillos. Enarcó una ceja—. Te equivocas. Lo eliminaron en la segunda.
El hecho de que hubiera llegado a la segunda ronda se debió a que un concursante de su grupo tuvo que retirarse repentinamente por problemas de salud. Si no...
Boris también habría sido eliminado en la primera.
—¿Ah, sí? —Plácido se rascó la mejilla, preocupado—. Es bastante reñido. Espero que podamos aguantar varias rondas.
—Claro —respondió Aldana con una leve sonrisa, sin añadir nada más.
A los pocos pasos, se encontraron con Boris.
—Plácido. —Boris se acercó para saludarlo con una actitud condescendiente y aires de superioridad—. Es tu primera vez en una competencia mundial de programación, seguro que no conoces muchas de las reglas. Si necesitas algo, no dudes en preguntarme.
—No hace falta, gracias —respondió Plácido, moviendo los labios en una sonrisa que no llegaba a sus ojos.


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