—¿Y si no, qué? ¿Soy tu papá?
Al escuchar las palabras de Aldana, el atractivo rostro de Rogelio se ensombreció varios tonos, y su mirada se volvió asesina.
—¿Qué tanto miras? —dijo Aldana sin miedo, manteniendo una postura relajada y desafiante. Cruzó las piernas, lo miró fijamente y espetó con frialdad—: ¿No eras tú el que tanto quería encontrar a Fantasma? Pues ya estoy aquí. ¡Suelta a mi gente!
—¿No te das cuenta de dónde estás? —replicó Rogelio, levantando ligeramente la vista, sin disimular su desdén—. ¿Quién te crees para darme órdenes?
A Aldana le dio risa su actitud. Soltó una carcajada fría y dijo:
—Entonces, ¿para qué me hiciste venir? ¿Para ver tu cara de amargado?
*¡Pam!*
Rogelio golpeó la mesa con la palma de la mano, pero antes de que pudiera decir algo, Aldana pateó la silla que tenía en frente.
*¡Pum!*
La silla se estrelló contra la pared y cayó al suelo con un ruido ensordecedor.
—No te hagas el jefe conmigo —dijo Aldana, poniéndose de pie. Aunque no era tan alta como Rogelio, su presencia imponente no era menor que la de él—. Suéltala, y haré lo que quieras conmigo.
—De acuerdo —respondió Rogelio, entrecerrando los ojos. Se giró hacia Iván—. ¿Tienes listo el contrato?
—Sí.
Iván sacó el contrato de inmediato y lo extendió frente a Aldana.
Estaba lleno de cláusulas sobre transferencias de acciones, fábricas y empresas. En total, eran decenas de páginas, con un espacio en blanco al final para las firmas del líder de la Alianza del Cracker y de Fantasma.
—Qué ambicioso —comentó Aldana con una sonrisa burlona tras un vistazo rápido—. ¿Quieres que también te entregue la herencia de mis antepasados?
Hizo una pausa y añadió con una risa fría:
—Ah, lo olvidaba. Ni siquiera sé dónde están mis antepasados.
«Vaya, qué boca tan sucia tiene», pensó.
La puerta se abrió y Eliseo entró arrastrando a Sombra.
—¡Mmm! —gimió Sombra al ver a Aldana, forcejeando con más intensidad, llena de agitación.
—Cuando firmes, alguien la acompañará afuera —dijo Rogelio, mirando de reojo a Sombra. Su cabello blanco le resultaba increíblemente molesto.
«¿Cabello blanco?», pensó con fastidio. «Igual que cierto hombre que detesto».
—Más te vale cumplir tu palabra —dijo Aldana, sintiéndose aliviada al ver que Sombra no parecía tener heridas graves.
—¡Mmm! —Sombra seguía luchando, intentando evitar que Aldana firmara.
«¿Entregarle todas las propiedades de Submundo al líder de la Alianza del Cracker? ¿Y además enviar a Alda a una isla desierta?», pensó. «¿Quién se cree que es para pedir algo así?»

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