—A Fantasma.
Virgilio repitió, y añadió una explicación:
—Hace muchos años, de la nada, empezó a disputarme el territorio.
—Las bases de la zona norte fueron todas ocupadas por Submundo.
Esos lugares estaban llenos de recursos valiosos.
Si la Escuela de Cazadores pudiera recuperarlos, su esfera de influencia se extendería considerablemente.
Así no tendría que temer a la Alianza del Cracker, que también operaba en el sur.
—En cuanto me traigas a Fantasma, podrás llevarte a Gilda cuando quieras.
—Ja.
Después de escuchar a Virgilio, Aldana se quedó en silencio por unos segundos y de repente soltó una carcajada.
—Secuestrar a Fantasma... Realmente no le tienes miedo a la muerte.
Virgilio frunció el ceño. Por supuesto que sabía que Fantasma no era alguien fácil de tratar.
Pero como se dice, el que la busca, la encuentra.
Quien no arriesga, no gana.
Además, no tendría que hacerlo él personalmente.
Si tenía éxito, genial.
Si fallaba, la que moriría sería otra, y no creía que Fantasma se atreviera a perseguirlo hasta el Amazonas para matarlo.
No había que olvidar que su archienemiga, la Alianza del Cracker, también tenía su base aquí.
—¿Quieres las bases?
Aldana levantó la mirada y dijo con indiferencia:
—De acuerdo.
—Aldi...
Sabiendo lo que su hermana estaba pensando, el rostro de Gilda cambió.
Esas bases valían miles de millones y habían costado años de desarrollo para llegar a ser lo que eran hoy. Dárselas a ese viejo era un desperdicio.
—Tu hijo más una base, a cambio de Gilda —dijo Aldana, sacando su teléfono mientras contactaba con la base principal de Submundo.
El estado de Gilda no era bueno, y quería sacarla de allí lo antes posible.
Una simple base era como darle limosna a un mendigo.
Además, aunque se la diera, no estaba segura de que la Escuela de Cazadores tuviera la suerte de conservarla.

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