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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 787

»En otros lugares tampoco hay rastro de ella. Investigarlo requerirá algo más de tiempo.

—¿Tiempo?

Quico se dio la vuelta, y su mirada sombría hizo temblar al subordinado. —¿Llevan buscándola dos años enteros y todavía necesito darles más tiempo?

El subordinado se quedó sin palabras.

No era que no la buscaran, es que la Dra. Noche era realmente escurridiza.

Era imposible de encontrar.

—No me importa cómo lo hagan, necesito saber su paradero en un mes —ordenó Quico con voz fría.

Se había dado cuenta de que la inteligencia de Julieta estaba retrocediendo gradualmente. Si no intervenía pronto, temía que las consecuencias fueran insoportables.

—¡Fuera!

En cuanto Quico terminó de hablar, el subordinado salió de allí con el rabo entre las piernas.

Pronto, otro subordinado abrió la puerta, temblando de miedo.

—Señor, ya tenemos los resultados de la investigación.

Quico se dio la vuelta, esperando su respuesta.

—Efectivamente, Rogelio se parece mucho al líder de la Alianza del Cracker que bombardeó nuestro barco hace años.

En aquel entonces, el conflicto ocurrió dentro del territorio de la Isla Solestia, y había cámaras por todas partes.

Aunque Quico también había investigado, solo se habían captado imágenes de espaldas y de perfil.

Por más que contrató a hackers para hacer comparaciones, nunca encontró a la persona.

Hasta que hoy apareció Rogelio, despertando un recuerdo que había estado enterrado durante años.

Se parecía mucho al líder de la Alianza del Cracker.

—Estos son los resultados de la comparación. —El subordinado dejó las fotos de ambos hombres.

El perfil y la espalda tenían una similitud de hasta el 88 %.

El líder de la Alianza del Cracker, Rogelio...

Ciertamente tenía la capacidad para borrar todo rastro.

Lástima que fuera tan arrogante como para volver a la Isla Solestia, ¿y encima a pedirle algo?

—¿Sigue en la Isla Solestia? —preguntó Quico, apretando los puños. Una capa de hielo pareció cubrirlo al instante, y su mirada se llenó de una intención asesina.

—Sí —respondió el subordinado—. Lo tenemos vigilado en todo momento.

—Mátenlo.

Quico jugueteó con la maceta que había sobre la mesa, hablando con indiferencia.

»Ese engreído es muy rencoroso. Parece que quiere matarte aquí mismo.

—¿Tienes miedo? —preguntó Rogelio, tomando la mano de Aldana.

—No.

Aldana lo miró de reojo y respondió a propósito—: Después de todo, el que bombardeó su barco fuiste tú, así que seguro te persiguen a ti. A mí no me incumbe.

Rogelio se quedó mudo; increíblemente, pensó que ella tenía razón.

Justo entonces, se escuchó un «bang» y una ráfaga de balas barrió en su dirección.

—Cuidado.

Aldana y Rogelio gritaron al mismo tiempo, retrocediendo cada uno hacia un lado y avisando a Iván y Eliseo.

Antes de que los guardias del puesto de control pudieran reaccionar, ya les habían arrebatado las armas de las manos.

—Tomen.

Se las arrojaron a Iván y a Eliseo.

Iván y Eliseo estaban completamente desconcertados.

Con razón la señorita Carrillo y el jefe dijeron que no hacía falta traer nada.

¡Resulta que pensaban abastecerse en el lugar!

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