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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 804

—¿Qué miras?

Justo cuando se lo preguntaba, Aldana apareció con un vaso de leche, apoyada perezosamente en el marco de la puerta. Lo miraba con sus ojos claros y una sonrisa burlona.

—Alguien te está enviando mensajes.

Rogelio señaló el teléfono, cuya pantalla se iluminaba con cada nuevo mensaje, sintiéndose terriblemente frustrado.

—Te está mandando besos.

Y tantos que le mandaba. No diría cuáles eran sus intenciones.

Aldana se quedó perpleja.

Se acercó, echó un vistazo al teléfono y, sin poder evitarlo, recordó el rostro inocente y hermoso de Julieta.

No se lo esperaba.

La chiquilla de verdad cumplía su palabra.

Guardaba el secreto.

Se preguntó cuál sería la reacción de Quico si descubriera que su querida esposa lo estaba traicionando.

—¿De qué te ríes?

Al ver la sonrisa en el rostro de la chica, Rogelio se sintió aún más irritado.

—Es una mujer.

Aldana dejó el vaso de leche y acarició con la yema de los dedos el apuesto rostro del hombre, con una leve sonrisa en los labios.

—¿Una mujer?

A Rogelio no le hizo ninguna gracia. Su expresión se ensombreció aún más.

—¿Ahora también atraes a las mujeres?

—Ay, qué amargado.

Aldana frunció los labios, le puso el vaso en la mano a Rogelio y ordenó como si fuera la jefa:

—Llévalo a la cocina.

Luego se metió bajo las sábanas y encendió la pantalla del teléfono.

[Chiquilla]

El apodo brillante apareció ante sus ojos.

¿Chiquilla?

Rogelio se quedó atónito por unos segundos y al instante comprendió que se trataba de la amiga que Aldi había conocido hacía unos días.

Se decía que tenía la inteligencia de una niña de seis años.

Seis años...

Rogelio frunció el ceño y una sonrisa de resignación se dibujó en sus labios.

«¿Eso significa que le gusta a todo el mundo, sin importar edad o género?».

«No puede ser».

«Demasiada gente la admira, tendré que vigilarla más de cerca en el futuro».

***

Al día siguiente.

¿Los genes de la chiquilla eran similares a los de ellos?

—Tú sabes de medicina, así que sabes lo que quiero decir. —Félix hizo una pausa de unos segundos y su voz se volvió un poco más ronca—. Los genes son muy parecidos, lo que significa que son hermanos o padres e hijos.

Era evidente.

La persona de la muestra de sangre, que se decía que tenía poco más de veinte años, no podía ser su madre.

Aldana se quedó sin palabras.

Se quedó sentada en la cama, atónita, y sintió un zumbido en la cabeza.

¿Hermanos?

¿Quería decir que Julieta podría ser una de sus hermanas?

¿Cómo era posible?

—Pero por ahora no se puede confirmar al cien por cien. —Félix frunció el ceño y dijo con voz grave—. La muestra de sangre no es suficiente, no se pueden hacer más pruebas.

—Entiendo.

Después de un largo rato, Aldana finalmente encontró su voz, pero su garganta estaba terriblemente seca.

—Yo me encargo de conseguir más sangre.

—Mientras no se confirme, no se lo digas a los demás hermanos por ahora.

Después de todo...

La identidad de Julieta no era común y podría causar problemas.

—Entiendo.

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