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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 841

El cuerpo de Quico se puso rígido y sus dedos se apretaron de golpe.

«¿Qué significan esas palabras?».

«¿Ya no me quiere?», pensó.

—Julieta... —dijo Quico con voz ronca, moviendo sus labios secos.

—Hagamos una cosa —dijo Julieta con las manos en los bolsillos, sin prisa—. Vete a tu casa, Quico. A partir de ahora, cada quien por su lado.

»Lo del certificado de matrimonio es sencillo, se resuelve con una firma.

»Ya te puedes ir.

Dicho esto, Julieta se dio la vuelta y se fue sin dudarlo.

En la enorme sala, solo quedó Quico.

Se quedó de pie, con la espalda rígida, todavía sosteniendo las «pruebas de su amor» que no había terminado de mostrar.

El tiempo pasó, minuto a minuto...

Quico seguía en la misma posición, la luz fría lo bañaba, como si el mundo entero lo hubiera abandonado, solitario y desolado.

No supo cuánto tiempo pasó.

Tanto tiempo que sus piernas se entumecieron, su cuerpo se enfrió y apenas podía mantenerse en pie.

De repente, oyó unos pasos suaves detrás de él.

Y luego.

Una voz familiar y dulce resonó:

—¿Qué haces todavía aquí parado?

Quico se dio la vuelta y vio a Julieta, que había regresado, de pie en la puerta, con las manos en los bolsillos y la cara bonita levantada, mirándolo con aire altanero.

—¿No decías que no te importaba que te olvidara, siempre y cuando yo estuviera bien? —Julieta enarcó una ceja, sin rastro de sonrisa en los ojos y con una voz aún más fría—. ¿Cómo es que antes no me di cuenta de que eras tan desinteresado y abnegado?

Quico la miró en silencio, confundido por su actitud.

«¿Cómo sabía ella esas palabras?».

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