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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 862

—Mi relación con Brunilda...

El subdirector estiró el cuello y aguzó el oído, temiendo perderse cualquier palabra clave.

—No te lo voy a decir —dijo Aldana con una sonrisa lenta en los labios.

Luego, se dio la vuelta sin contemplaciones.

El subdirector se quedó plantado en el sitio, mirando la espalda de Aldana con una expresión pensativa.

«Vaya, vaya», pensó.

«Esa chispa de picardía es idéntica a la de Brunilda».

«¿Será posible?».

«¡¿De verdad es la hija de Brunilda?!».

***

En el camino, Aldana fue al baño.

Al salir, se encontró a Lucrecia retocándose el maquillaje frente al espejo.

—¿Tú qué haces aquí? —El rostro de Lucrecia cambió de repente, y miró a su alrededor con recelo.

«¿No estará celosa de que yo haya entrado al programa de Brunilda?», pensó.

«¿Querrá llamar la atención de Brunilda para sacar tajada?».

—¿Acaso es tu casa? —preguntó Aldana con indiferencia mientras se lavaba las manos, levantando la vista perezosamente.

—Yo...

Lucrecia levantó la vista, vio el letrero de «Baños» y se quedó sin palabras.

Cuando se aseguró de que no había nadie más, mostró su verdadera cara—: No cualquiera puede ver a Brunilda.

Ella, como invitada, la acababa de conocer ese mismo día.

Brunilda le había dicho: «La Universidad de la Capital es un lugar excelente».

Mientras lo decía, le había sonreído con una ternura especial.

«Seguro que está muy satisfecha conmigo», pensó Lucrecia.

No había sido en vano todo el dinero y los contactos que había movido para entrar.

En cuanto a Aldana...

Su hermano era amigo de Rogelio, así que tenía ventaja por su cercanía.

Si a Brunilda le hubiera gustado, la habría elegido a ella hace tiempo.

«Quizás se ofreció ella misma, Brunilda la rechazó y ahora insiste porque no se rinde».

—¿Ah, sí? —dijo Aldana, cerrando el grifo y sacudiéndose el agua de las manos. Lucrecia, asustada, dio un salto hacia atrás para no mojar su vestido.

Lo había alquilado para la ocasión y no podía permitirse arruinarlo.

Poco después, se estrenó el primer episodio del programa «Holi, hermanita».

Rogelio estaba sentado en el sofá con Aldana acurrucada en su regazo. Sobre una mesita auxiliar, un iPad reproducía el programa.

Justo en ese momento, apareció Lucrecia en pantalla.

Iba vestida como un pavo real, con tanto maquillaje que su cara parecía un poco sucia.

Estaba de pie junto a Lucas Cisneros, con una sonrisa discreta que mostraba exactamente ocho dientes.

Su voz era tan suave y delicada que parecía que una ráfaga de viento podría llevársela.

Una imagen muy diferente de la Lucrecia arrogante y altiva de siempre.

—¿Esa no es la hija de tu madre adoptiva? —preguntó Rogelio, bajando la mirada hacia el rostro de Aldana.

Aldana asintió.

—¿Cómo la eligieron a ella? —Rogelio frunció el ceño y dijo con voz ronca—: No me gusta. ¿Quieres que le diga a Brunilda que la cambie?

—No hace falta.

Aldana esbozó una sonrisa y dijo con despreocupación—: Los primeros tres invitados tienen talento o belleza. Lucrecia... tiene el potencial para ser el hazmerreír.

Seguro que haría alguna de las suyas.

Y los internautas no eran tontos, quién sabe qué clase de cosas dirían de ella.

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