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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 864

—Veo a Brunilda bastante preocupada.

Al notar su vacilación, Leonardo hizo una pausa y continuó—: Este es su primer reality como directora. Mucha gente cree que, después de tantos años retirada, ya no es capaz de producir algo bueno.

—Si el programa tiene problemas mañana y no se puede emitir, me temo que…

—Está bien.

Aldana lo interrumpió y dijo con voz grave—: Lo intentaré.

—Bien.

Tras obtener el consentimiento de su hermana, Leonardo finalizó la llamada con calma.

—Leonardo, ¿no te remuerde la conciencia por engañar así a tu hermana?

El asistente, que había estado escuchando con atención, no pudo evitar una mueca—. La fila de gente que quiere estar en el programa de Brunilda llega desde la capital hasta el país Fendael.

Tan pronto como se supo la noticia de la lesión de la invitada, varios artistas se apresuraron a contactar a Brunilda.

Pero qué casualidad.

Justo ayer, Leonardo pasó por el set y de inmediato se ofreció a «apagar el incendio».

—¿De verdad?

A Brunilda casi se le cae el teléfono de la sorpresa, pero dos segundos después recuperó la compostura—. A Aldi nunca le ha gustado llamar la atención, ¿crees que querrá salir en televisión?

—Lo intentaré.

Leonardo había visto los dos primeros episodios y le parecía un programa muy interesante.

Pero lo más importante era otra cosa.

Desde que su hermana había regresado, no había tenido la oportunidad de pasar tiempo a solas con ella.

Siempre estaba pegada a Rogelio, y a veces se preguntaba quién de los dos era el verdadero hermano.

—Si Aldi puede participar, sería fantástico —dijo Brunilda, mirando a Leonardo con los ojos llenos de esperanza y emoción—. No te preocupes, si acepta, me aseguraré de que no le falte de nada.

La chica no tenía muchos amigos, así que participar en el programa sería como una distracción.

—¿Que no le falte de nada?

Leonardo esbozó una sonrisa burlona y dijo—: Con el carácter de perros que tiene, ya podemos dar gracias si no hace sentir mal a los demás.

Brunilda se quedó perpleja y soltó una risa nerviosa.

Era verdad.

¿Acaso no había logrado domar a su propio hijo, el mismísimo terror de la capital, temido por todos?

***

—Ya no hay tiempo.

Brunilda apartó la mano de su esposo y tomó el conjunto que más le gustaba.

Un vestido largo con un abrigo de lana blanco y unos tacones de suela roja de CL.

Su cabello castaño estaba peinado en grandes ondas que caían naturalmente sobre sus hombros, y su maquillaje era impecable.

Se viera por donde se viera, era una imagen de belleza absoluta.

—Estás preciosa.

Hacía mucho tiempo que no veía a su esposa arreglarse con tanto esmero, y Feliciano se quedó embobado por un momento.

Cuando se acercó para abrazarla, de repente recibió un codazo.

Feliciano detuvo su abrazo en seco, y su mirada se tornó dolida.

—No molestes.

Brunilda tomó su bolso y, mientras bajaba las escaleras, dio instrucciones—: Sí, sí, llévense todos los postres.

—¿Todos?

La empleada que los estaba empacando se detuvo, confundida—. ¿No dijo que dejara la mitad para el señor?

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