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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 872

*Tac, tac, tac...*

Se escuchó el sonido claro de unos pasos, y todos estiraron el cuello, mirando con curiosidad.

Una figura alta se proyectó en el suelo, alargándose gradualmente bajo la luz del sol.

Unos segundos después, el rostro de Leonardo, tan apuesto que desafiaba a los dioses, apareció ante todos.

—Hola a todos, soy Leonardo.

Todos se quedaron sin palabras.

¡¡¡!!!

Al ver a Leonardo, todos los invitados se quedaron paralizados, sus expresiones cambiando de color como una paleta de pintor.

—Así que de verdad era Leonardo.

Lucas arqueó una ceja con una leve sonrisa.

Sin embargo, no era Leonardo quien le interesaba, sino la hermana del famoso actor.

—Leonardo en un reality show… ¿acaso el sol salió por el oeste?

Los demás invitados bromearon entre risas. Sus expresiones eran serenas, sin rastro de envidia, sino más bien de admiración.

Alcanzar el estatus de Leonardo era el objetivo de todo artista.

Además, Leonardo nunca menospreciaba a otros artistas y siempre era amable. Tenía una excelente reputación y era muy querido en el mundo del espectáculo.

—Hola, Leonardo.

—Hola.

Los invitados se levantaron uno por uno para saludarlo.

—Hola a todos.

Leonardo vestía una camisa de seda blanca y pantalones negros. Llevaba los dos primeros botones desabrochados, revelando una nuez de Adán sensual y una clavícula seductora.

Para no opacar a los demás invitados, se había peinado de forma sencilla. Incluso llevaba gafas, lo que le daba un aire de villano refinado.

La intención era disimular un poco su atractivo, pero quién iba a imaginar que los fans enloquecerían por completo.

[AAAAHHH, parece el jefe de una mafia, ¡qué guapo, me desmayo!].

[Leonardo es tan guapo, AAAAAHHH].

[Si te gusta Leonardo, somos hermanos de otra madre].

[¡Mi amor, no te abaniques a ti, abanícame!].

[Leonardo se ve muy bien, se nota que está en su mejor momento].

[Oye, ¿qué son esos comentarios tan atrevidos? Ponen la mente a volar].

[Qué le vamos a hacer, si llevamos el «amarillo» en la sangre].

—Yo…

El asistente reaccionó al instante y, buscando una excusa sobre la marcha, tartamudeó:

—Es que… me quedé un poco embobado viendo lo hermosa que es la adorable Aldana. Lo siento, directora Brunilda.

Aunque Brunilda era estricta, nunca regañaba sin motivo. Si alguien recibía un regaño, era porque no estaba concentrado en su trabajo. Como él en ese momento: distraído.

«¿Mmm?». Brunilda, que estaba a punto de estallar de ira, se detuvo al oír la explicación del asistente.

Unos segundos después, una sonrisa casi imperceptible se dibujó en sus labios, y por poco no se le escapa una carcajada.

«Ya ven», pensó. «Cualquier persona normal adoraría a mi nuera».

—No pasa nada.

Brunilda respiró hondo y dijo con amabilidad, haciendo un gesto con la mano:

—Lo que sigue es muy importante, no te distraigas más.

—Sí, sí, claro.

El asistente, halagado y sorprendido, asintió rápidamente.

¿Había visto bien? No solo Brunilda no lo había despedido, ¿sino que además le había sonreído?

Eso era algo que no se habría atrevido a imaginar ni en sus sueños más locos.

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