Resulta que Aldana llevaba una camiseta negra de manga corta, tan simple que no tenía ningún diseño ni estampado.
La había metido por dentro de unos pantalones anchos de color marrón y llevaba unas cómodas zapatillas deportivas.
Se había lavado el pelo y se lo había secado al aire, dejándolo caer naturalmente sobre sus hombros.
Tenía unos rasgos finos y una belleza que llamaba la atención.
Pero lo más importante...
No llevaba maquillaje, de verdad que no.
Salió en cámara con la cara completamente lavada.
«Si es así de guapa sin maquillaje, ¿cómo se verá cuando se arregle?».
—Aldi...
Leonardo, temiendo que se sintiera incómoda, se acercó a ella para recibirla y le susurró:
—Tranquila, no te asustes. Te los voy a presentar uno por uno.
—No hace falta.
Aldana sacó las manos de los bolsillos, dejó a un lado su aire perezoso, miró a los invitados que estaban enfrente y, con una leve sonrisa, dijo:
—Hola a todos, soy Aldana.
No fue ni demasiado zalamera ni maleducada.
Justo en el punto exacto.
Su tono fue muy agradable de escuchar.
[¡Qué genial es la hermana!]
[¡Guau, se nota que es joven, tiene una piel increíble!]
[Cada gesto, cada sonrisa de la hermana me llega directo al corazón.]
[Tiene una personalidad arrolladora. Aldana, ¿has considerado salir con chicas?]
[Lo siento, Leonardo, pero a partir de ahora, mi nuevo amor platónico es Aldana.]
[Mide como un metro setenta, tiene un cerebro de genio y una cara que te deja sin aliento...]
[Con razón Leonardo no quería que su hermana apareciera en los medios, ¿qué agencia de talentos podría resistirse a ficharla?]
[He oído que tiene novio.] —reveló alguien que parecía saber del tema.
[¿¿¿???]
[¿Qué? ¿La hermana no tiene ni diecinueve años y ya se la robó algún desgraciado? ¡Llamando a Leonardo, llamando a Leonardo!]
[Inventar rumores tiene consecuencias, @sabelotodo.]
[@sabelotodo: ¡Ah! ¡Pues esperen a que lo hagan oficial!]
El público se quedó sin palabras.
***
Grupo Lucero.
Oficina del presidente.
Rogelio estaba viendo el programa en su computadora mientras discutía acaloradamente con los internautas en su celular.
¡Ja!
—Soy Severo, hola.
«Esta chica es realmente hermosa», pensó.
No era una belleza común y corriente; su aura era indescriptible.
En comparación, las demás celebridades del mundo del espectáculo no eran más que simples muñecas de aparador.
—Hola.
Aldana lo miró de reojo y luego desvió la mirada con indiferencia.
Su cara lo decía todo: «No te conozco».
—Soy Lucas.
Lucas fue más atrevido. Tomó unos trozos de mango de la mesa y se los ofreció a Aldana.
—Está muy dulce, hermanita, prueba un poco.
—Gracias.
Aldana bajó la vista, miró el contenido del plato y dijo con despreocupación:
—Pero no me gusta el mango.
—¿Ah, no?
Lucas sonrió y lo volvió a poner en su sitio, sintiéndose un poco avergonzado.
Había que decirlo.
El rostro, la figura y el aura de Aldana superaban por mucho a las de muchas de las actrices más populares del momento.

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