Los primeros en montar fueron Isandro y Severo. En la pista de al lado, estaban Elba y Zaira.
Los cuatro se desenvolvieron con bastante armonía. Temerosos de enfadar a los caballos y lastimar a alguien, todos sus movimientos eran muy cuidadosos. Era solo para probar la experiencia, así que no hicieron nada arriesgado.
Zaira siempre les había tenido miedo a estos animales peludos, pero para evitar que los espectadores la llamaran exagerada, se armó de valor y montó. A la menor sacudida del caballo, su cara era un poema de terror, algo que contrastaba enormemente con su imagen de «reina del pasotismo».
Gracias a eso, aportó muchos momentos cómicos.
Al principio, Elba no mostraba mucho interés, pero al final le pareció divertido. Aun así, no se atrevió a montar por mucho tiempo y se bajó a los diez minutos.
Luego, fue el turno de Lucas y Leonardo, y de Lucrecia y Aldana.
Leonardo, que ya había participado en series de época, se montó en el caballo con una agilidad increíble y tensó las riendas.
[¡Aaaah, Leonardo es increíble, qué guapo se ve!]
[Esa forma de montar, ¡me muero!]
[Leonardo interpretó a un general, estuvo entrenando un mes en un campamento. ¡Él sí que sabe montar!]
[¡Leonardo es el mejor del mundo del espectáculo!]
—Voy a dar una vuelta por mi cuenta —le dijo Leonardo al domador. Luego, cabalgó tranquilamente hacia Aldana y le dijo—: Si tienes miedo, tu hermano te lleva.
—No hace falta.
Aldana rodeó al caballo, estirando su cuello rígido, y dijo con indiferencia:
—Quiero probar.
Quería probar sus habilidades, en realidad. Hacía mucho tiempo que no montaba y no sabía si había perdido la práctica.
—De acuerdo.
Leonardo sonrió y le dijo en voz baja:
—Ten cuidado.
—Yo también quiero probar solo —dijo Lucas, que no quería quedarse atrás al ver a Leonardo montar por su cuenta.


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