Entrar Via

Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 880

Los primeros en montar fueron Isandro y Severo. En la pista de al lado, estaban Elba y Zaira.

Los cuatro se desenvolvieron con bastante armonía. Temerosos de enfadar a los caballos y lastimar a alguien, todos sus movimientos eran muy cuidadosos. Era solo para probar la experiencia, así que no hicieron nada arriesgado.

Zaira siempre les había tenido miedo a estos animales peludos, pero para evitar que los espectadores la llamaran exagerada, se armó de valor y montó. A la menor sacudida del caballo, su cara era un poema de terror, algo que contrastaba enormemente con su imagen de «reina del pasotismo».

Gracias a eso, aportó muchos momentos cómicos.

Al principio, Elba no mostraba mucho interés, pero al final le pareció divertido. Aun así, no se atrevió a montar por mucho tiempo y se bajó a los diez minutos.

Luego, fue el turno de Lucas y Leonardo, y de Lucrecia y Aldana.

Leonardo, que ya había participado en series de época, se montó en el caballo con una agilidad increíble y tensó las riendas.

[¡Aaaah, Leonardo es increíble, qué guapo se ve!]

[Esa forma de montar, ¡me muero!]

[Leonardo interpretó a un general, estuvo entrenando un mes en un campamento. ¡Él sí que sabe montar!]

[¡Leonardo es el mejor del mundo del espectáculo!]

—Voy a dar una vuelta por mi cuenta —le dijo Leonardo al domador. Luego, cabalgó tranquilamente hacia Aldana y le dijo—: Si tienes miedo, tu hermano te lleva.

—No hace falta.

Aldana rodeó al caballo, estirando su cuello rígido, y dijo con indiferencia:

—Quiero probar.

Quería probar sus habilidades, en realidad. Hacía mucho tiempo que no montaba y no sabía si había perdido la práctica.

—De acuerdo.

Leonardo sonrió y le dijo en voz baja:

—Ten cuidado.

—Yo también quiero probar solo —dijo Lucas, que no quería quedarse atrás al ver a Leonardo montar por su cuenta.

—Ve a proteger a Aldana también —respondió Lucrecia, levantando la barbilla con arrogancia, en un tono condescendiente—. Yo puedo sola.

—De acuerdo.

El domador se acercó a Aldana, de modo que ahora eran dos personas protegiéndola.

Aldana les echó un vistazo a los dos domadores, pero no dijo nada y se subió al caballo con una agilidad sorprendente.

Los dos domadores se miraron, confundidos. La forma en que la señorita Carrillo había montado no parecía la de alguien sin experiencia.

—Vamos, Aldana, te guío un poco.

Frente a las cámaras, Lucrecia mostró su lado más «amable» y «atento». Como era una transmisión en vivo, sabía que Aldana no se atrevería a hacerle nada.

«Quizás, con un poco de suerte, hasta la haga tendencia en las redes sociales», pensó. El titular sería: «La hermana del galán de cine se da un porrazo monumental».

En el peor de los casos, hasta podría romperse un brazo o una pierna.

Con ese pensamiento en mente, Lucrecia apretó las riendas y guio a su caballo para que se acercara deliberadamente al de Aldana.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector