La capital.
El avión acababa de aterrizar.
Aldana recibió una llamada de la Liga de Hackers.
—Jefa, tenemos noticias de tu sexta hermana mayor.
Desde que su relación con Rogelio se hizo pública, la gente de la Liga de Hackers había cambiado automáticamente la forma de dirigirse a ella.
De Fantasma a Jefa.
El Jefe era su hombre, lo que significaba que la Liga de Hackers también le pertenecía a ella.
Cortesías de la vida.
Ellos entendían.
«¿Sexta hermana?», pensó.
Al oír ese nombre, el corazón de Aldana dio un vuelco y sus dedos se apretaron sin que se diera cuenta.
—¿Dónde está?
Hacía tanto tiempo que la buscaba; por fin había noticias.
—Ella... ella...
El subordinado tartamudeaba, incapaz de formar una frase completa.
—¿Se te trabó la lengua? ¿Necesitas que te ayude? —La mirada de Aldana se volvió gélida, y su voz, incluso a través del teléfono, era para ponerle la piel de gallina a cualquiera.
—No es necesario, Jefa. —El subordinado cerró los ojos y, armándose de valor, soltó todo de una vez—: Según la investigación, es muy probable que haya fallecido.
«¿Fallecido?», se preguntó.
La sorpresa se convirtió en horror.
Aldana sintió como si le hubieran dado un golpe en la cabeza. Le zumbaban los oídos y su mente se quedó en blanco.
Perdió el equilibrio en los escalones y estuvo a punto de caer.
—Cuidado. —Rogelio la sostuvo a tiempo y le preguntó con preocupación—: ¿Qué pasa? ¿Quién llamó?
—La Liga de Hackers.
Aldana se aferró a la mano de Rogelio con fuerza. Con la mirada perdida y una voz tan ronca que apenas se oía, dijo:
—Dicen que mi sexta hermana... ¿está muerta?
—¿Qué?
Rogelio se quedó atónito, frunciendo el ceño.
—¿No será un malentendido? No te preocupes, te llevaré a la base para que preguntes.
—De acuerdo.
Los ojos de Aldana se enrojecieron.
***
En la sede de la Liga de Hackers.

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