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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 937

—Hace unos cinco años...

Al llegar a este punto, el líder del equipo miró de reojo a Aldana y continuó con cautela:

—Hubo un incendio en el orfanato. Murieron muchas personas en ese entonces, y ella fue una de ellas.

—¿Qué pruebas tienen?

Los dedos de Aldana se detuvieron sobre el informe. Levantó su mirada gélida y, moviendo lentamente los labios, preguntó:

—¿Dónde está la tumba? ¿Hicieron una prueba de ADN conmigo?

«¿Pruebas?», se preguntó él.

—La información la dio el director del orfanato.

Él mismo cuidó de esa niña y pasó mucho tiempo buscándole a su familia.

No podía estar equivocado.

—Además... —El líder del equipo hizo una pausa, apretó los dientes y añadió—: Como el fuego fue tan grande, tanto el edificio como las personas quedaron reducidos a cenizas.

—Así que no quedaron restos de tu sexta hermana.

«¿Sin restos?», pensó.

Tras escuchar las palabras del líder del equipo, Aldana dejó de hojear el informe por completo.

Se quedó inmóvil, y con ella, el aire de la habitación pareció congelarse.

El frío que emanaba de ella hizo temblar a los subordinados que la rodeaban.

«Se acabó», pensaron.

La reacción de Fantasma era aterradora.

—Mis otros hermanos están todos vivos y bien, ¿y justo ella tuvo que morir?

Aldana permaneció de pie, y tardó un buen rato en recuperar su voz, que sonó seca.

—Si está viva, quiero verla; si está muerta, quiero su cuerpo.

—Dame la información de contacto del director del orfanato. Lo investigaré personalmente.

Fuera como fuera, no podía creer que su sexta hermana hubiera muerto.

Tras dar la orden, Aldana se dirigió hacia la salida. Estaba tan apurada que su cuerpo se tambaleó.

La gente de la Liga de Hackers no se atrevió a responder y, por instinto, miró a Rogelio.

—Hagan lo que dice.

Rogelio frunció el ceño y corrió tras la joven.

—Aldi...

Además, el incendio del orfanato le había causado un trauma mental tan grave que había dependido de medicamentos para prolongar su vida unos años más.

A veces estaba lúcido, a veces confundido.

El fin de semana anterior se había desmayado de repente y el hospital había emitido un aviso de estado crítico.

Podía fallecer en cualquier momento.

—Lo siento, mi padre nunca nos permitió involucrarnos en los asuntos del orfanato, así que no conocemos los detalles —respondió la familia del director con un tono de disculpa—. Pero lo del incendio es cierto, murieron muchas personas.

—Mi padre se ha sentido culpable todos estos años. La depresión le ha agravado la enfermedad.

Hacía poco, alguien había empezado a preguntar por lo que pasó en aquel entonces.

Quizás recordar el pasado fue un golpe demasiado duro para él.

Por eso su padre había sufrido un ataque y se había desmayado.

Aldana examinó al director y se dio cuenta de que aún había una posibilidad de salvarlo.

De inmediato, ordenó que lo trasladaran a un hospital del Grupo Lucero, donde recibiría atención de especialistas.

Era imperativo que despertara en el menor tiempo posible.

Después de todo, él era la única persona que conocía el paradero de su sexta hermana.

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