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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 994

Aldana se dio la vuelta.

Solo vio una puerta que parecía una muralla de hierro, cerrada herméticamente, con una pequeña ventanilla de diez centímetros en el centro.

La ventanilla estaba abierta, revelando un par de ojos inyectados en sangre.

—¿Tú eres el médico milagroso que trajo Serafín?

Al ver al «muchacho» joven y apuesto con los ojos vendados, Sania mostró cierta duda.

—¿No lo parezco?

Esa voz era bastante agradable. Aldana esbozó una leve sonrisa y respondió:

—Además, somos dos. ¿Cómo supiste que yo era el médico?

—Intuición.

Sania respondió con sinceridad, con los nervios a flor de piel.

—No pareces una persona común.

—Oye, oye, oye. —Sombra, a su lado, se molestó y protestó—. O sea que yo sí parezco una persona común, ¿no? Comparado con ella, ¡¿qué me falta?!

La pregunta desconcertó a Sania.

Se quedó quieta, sus ojos yendo y viniendo entre los dos.

Llevaba casi veinte años atrapada en ese lugar infernal llamado Monte Nébula.

Era la primera vez que interactuaba con gente de fuera, y su ánimo se aligeró con un toque de alivio y alegría.

—Siento que es ella. —La mirada de Sania volvió a posarse en Aldana.

La intuición era algo inexplicable.

—Pero si apenas tiene veinte años —continuó Sombra—. ¿Una médica milagrosa de veinte años? ¿Eso también se puede sentir?

Cualquier otra persona ya la habría llamado estafadora.

—La edad no es un criterio para juzgar. —Sania movió sus labios secos y pálidos, esbozando una sonrisa amarga—. A los trece años, yo ya había leído todos los libros de medicina y podía diagnosticar y recetar de forma independiente.

También tenía otros logros en diferentes campos...

Ni con las dos manos podría contarlos todos.

Ser una genio no era ninguna broma.

«¿Así de increíble?»

Aldana enarcó una ceja y, justo cuando quería preguntar algo más, la persona a su lado los apuró de repente.

—Doctora Noche, debe irse.

El líder solo había dicho que le dieran las buenas noticias al pasar por la habitación de la doctora Sania.

De lo contrario...

Quién sabe hasta cuándo seguiría en huelga de hambre.

—Mi esposo, él... —La voz de Sania era apremiante, temblando de miedo.

—Sigue vivo.

Capítulo 994 1

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