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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 995

Sombra protestó molesto mientras transfería el dinero desde su teléfono.

«¡¿Y si nos retienen y nos roban?!»

Aldana, con una expresión serena, observaba los alrededores con interés.

No solo habían construido un edificio entre las montañas, sino que también habían levantado un laboratorio subterráneo.

Aunque no pudo ver el panorama completo, su oído y olfato eran bastante agudos.

Podía deducir que...

¿El Refugio estaba llevando a cabo investigaciones médicas allí?

Entonces...

¿El hombre que capturó era utilizado para experimentos?

Y la mujer parecía ser una doctora...

Tsk.

«Maldito infeliz, no tiene nada de humanidad».

Justo cuando Aldana maldecía a Serafín hasta la octava generación de sus ancestros.

El susodicho apareció en el salón.

—Doctora Noche, ¿te interesaría colaborar conmigo? —Serafín se sentó frente a ella, sosteniendo un cigarrillo, mientras sus ojos, ocultos tras la máscara, la miraban fijamente.

»No te preocupes, la paga será más que generosa —continuó Serafín, intentando persuadirla—. Si tenemos éxito, no solo tendrás dinero, sino que cualquier cosa en este mundo que desees será tuya. Todos estarán a tu servicio.

—¿Qué tipo de colaboración es tan lucrativa?

Aldana tomó una manzana de al lado y le dio un mordisco crujiente.

—Genética.

Serafín no reveló todo, solo lo suficiente para despertar su interés.

—Esta es mi tarjeta. Si te decides, contáctame cuando quieras.

Con Cornelio y Sania, y con la ayuda de la Doctora Noche, su investigación avanzaría a pasos agigantados.

—No es necesario.

Aldana echó un vistazo a la tarjeta de presentación, que solo contenía un número de contacto y estaba por lo demás en blanco.

Se levantó.

—Sombra, nos vamos.

—De acuerdo.

Sombra se levantó para seguirla, pero apenas habían dado unos pasos cuando la voz de Serafín resonó de nuevo.

—Doctora Noche, ¿ni siquiera lo vas a considerar? Este es un negocio en el que no hay pierde.

—¿Ah, sí?

Aldana curvó los labios en una sonrisa gélida y su voz sonó distante.

—Lástima, no me falta el dinero.

Y mucho menos se mezclaría con gente de su calaña.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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