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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 182

Algunos hombres fueron muy directos y le pidieron su número de celular sin rodeos. Magdalena, con mucha soltura, respondía con una sonrisa.

—Si nos volvemos a ver, te lo doy sin falta.

A mitad del banquete, ya estaba agotada. Aprovechó para ir al baño a refugiarse un momento.

Al salir del baño, pasó frente a una pequeña sala de descanso improvisada. De repente, alguien la jaló hacia adentro y cerró la puerta de un golpe.

Presa del pánico, quiso gritar, pero sintió un calor repentino en los labios. En la oscuridad, alguien había capturado su respiración.

Luchó por empujarlo, pero el hombre le inmovilizó las manos con firmeza.

Un leve aroma a tabaco rozó su nariz; era un olor tan familiar que la hizo bajar la guardia y dejar de forcejear al instante.

Ambos compartían el ligero sabor a champán, mezclándose hasta que ya no se sabía de quién era quién.

Cuando el beso terminó, el hombre apartó sus labios. Ella, respirando agitadamente, pronunció un nombre en medio de la oscuridad.

—Renato Jiménez.

Lo dijo con total seguridad.

En la penumbra se escuchó una risa baja y profunda. Con un seco clic, las luces de la sala se encendieron. El brillo repentino la hizo cerrar los ojos por instinto; cuando los abrió de nuevo, se encontró con el rostro perfectamente esculpido de Renato.

Él tenía una mano apoyada en la pared, acorralándola con su cuerpo. Tenía la cabeza ligeramente inclinada para que sus ojos estuvieran al mismo nivel que los de ella.

En las claras pupilas de Magdalena se reflejaban sus facciones atractivas. Los labios de él, siempre tan fríos, ahora tenían un tono húmedo por el beso; su nariz recta parecía esculpida por un artista, y sus ojos oscuros eran tan profundos como un abismo.

El aroma de Renato la envolvía por completo, haciendo que su corazón latiera desbocado, sin control.

Sus miradas estaban conectadas, su respiración se entrelazaba, volviéndose una sola.

En el silencio sepulcral de aquella sala, ¿de quién era el corazón que latía con tanta fuerza? ¿De quién era la mirada que se había vuelto tan vulnerable?

Ella lo empujó suavemente, pero él ni se inmutó. Magdalena desvió la mirada para no verlo a los ojos.

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