Cuando llegó la hora del almuerzo, ambas se dirigieron a la Villa Gastronómica del resort. Comieron en el bufé, la comida era deliciosa y el ambiente resultaba sumamente tranquilo y elegante.
Magdalena extrajo un jugoso trozo de carne de cangrejo y, mirando el hermoso paisaje de montañas y agua en el exterior, suspiró.
—Venir aquí de vacaciones es maravilloso. Con razón te la pasas encerrada aquí todo el día sin aburrirte.
Ambas tenían gustos similares; a las dos les encantaba la comida picante. Sobre la mesa había varios platos de mariscos, con colores brillantes y apetitosos.
Virginia, con movimientos elegantes, usó los cubiertos para extraer más carne de su porción.
—La próxima vez podrías venir con tu esposo. Serviría para fortalecer un poco la relación de pareja.
Magdalena bajó la mirada, saboreando el marisco.
—No creo que él tenga tiempo para esto.
Virginia sonrió con gentileza y comprensión.
—Los hombres casados tienen que trabajar duro para mantener a la familia. Como mujer, tienes que ser un poco más comprensiva.
Magdalena alzó una ceja.
—Por supuesto.
...
Después de almorzar, Renato planeaba tomar un breve descanso cuando recordó las lesiones de Magdalena. Llamó a la villa para preguntarle a Olga.
Olga le informó que Magdalena había salido por la mañana y le había pedido específicamente que no preparara el almuerzo, ya que comería fuera.
¿Comer fuera? ¿Con quién comería fuera?
Su atractivo rostro se ensombreció. Irritado, levantó una mano para aflojarse la corbata y usó el intercomunicador para llamar a Camilo a su oficina.
—¡Averigua a dónde fue Magdalena!
—Enseguida, señor —Camilo no entendía qué había hecho la joven señora para enfurecer tanto al presidente Jiménez, pero asintió rápidamente y salió de la oficina para cumplir la orden.
Renato no descansó. En su lugar, se quedó esperando los resultados de la investigación. La espera por una respuesta desconocida era una verdadera tortura.

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