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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 340

Después de almorzar, Magdalena y Virginia regresaron a la librería. Empezaron a entrar y salir varios turistas, por lo que Virginia ya no pudo hacerle compañía. Magdalena decidió entonces dar un paseo por el resort.

Hacia el lado oeste del lugar había una pequeña colina, y a los pies de esta se encontraba un lago artificial.

Se sentó en el césped para disfrutar del paisaje, tomó un par de fotos y las subió a su Instagram. En menos de dos minutos ya tenía varios "me gusta".

Santiago le dejó un comentario: 'Aquí estoy yo, sufriendo y trabajando como loco, y tú tienes todo el tiempo del mundo para irte de vacaciones. La vida es tan injusta... el universo está conspirando para frenar mi camino hacia el éxito'.

Santiago le había contado una vez que su gran sueño era ser un fotógrafo reconocido. Anhelaba un viaje sin fecha de retorno, recorrer cada rincón del mundo, capturar cada paisaje y convertirse en el mejor del medio.

Cuando le contó eso, le había guiñado un ojo con una sonrisa pícara: 'Y lo mejor sería tener un romance fugaz en el camino; así mato dos pájaros de un tiro'.

Magdalena le respondió al comentario: 'Estoy de baja médica por lesiones'.

No pasó ni un minuto cuando le llegó un mensaje de Santiago por WhatsApp: '¿Autolesión?'.

Al leer esa palabra, no supo si reír o enojarse. Ese chico no podía tomarse nada en serio ni por un segundo.

El tiempo pasó volando y, sin darse cuenta, ya eran las cuatro de la tarde. Regresó a la librería para despedirse de Virginia y abandonó el resort.

Llegó al centro de la ciudad a las cinco y media. Pensó en llamar a Renato para preguntarle si ya había salido del trabajo y así poder cenar juntos o volver a casa.

Sacó su celular, pero entonces recordó la tensión que había entre los dos. Mientras dudaba si marcar o no, su teléfono comenzó a sonar. Era el número fijo de la casa de la familia Sarmiento.

Contestó la llamada y la voz de Teresa resonó en la línea.

—Señorita Magdalena, don Jonás acaba de regresar de Auckland y pide que venga a la casa de inmediato, sola.

Si su abuelo había vuelto de Auckland no era para verla a ella y a Renato, sino que le exigía que fuera sola. Magdalena intuyó de qué se trataba.

Familia...

Esa palabra siempre se había sentido tan ajena para ella.

Tan lejana que, por más que intentara alcanzarla, nunca lograba sentir esa calidez.

Incluso cuando le entregó a Octavio Sarmiento la propuesta confidencial para la licitación de los terrenos de la Corporación Valenzuela, no logró que le diera ni una pizca del amor paternal que le reservaba a Fátima.

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