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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 263

Cada vez que probaba ese pollo con castañas, exclamaba fascinada:

—Verónica, ¡tu sazón está cada vez mejor! ¿Por qué no trabajas en mi casa? Así podría comer esto todos los días.

Aunque Verónica ya era mayor, tenía un espíritu joven y hacía tiempo que se había dado cuenta de que la relación entre ella y Lázaro iba más allá de una simple amistad.

Siempre le respondía con una sonrisa cómplice.

—Cuando te unas a la familia y te cases con el joven Lázaro, te lo prepararé a diario, siempre y cuando no te aburras.

A Magdalena le brillaban los ojos al escuchar aquello. Se abrazaba al brazo de Lázaro y le decía con dulzura:

—Lázaro, casémonos en cuanto termine la universidad.

Él le acariciaba el cabello, con una sonrisa llena de ternura.

—Por tu tono, parece que no puedes esperar más.

Ella hacía un adorable puchero, con sus ojos claros y brillantes mirándolo con fingido enfado.

—De todos modos, tendrás que casarte conmigo, quieras o no.

La sonrisa de Lázaro se ensanchaba aún más.

—Si no fuera porque todavía eres muy joven, te llevaría ahora mismo a firmar el acta de matrimonio. Hace mucho que quiero esconderte para que seas solo mía.

Ese año ella tenía dieciocho años y él acababa de cumplir veinte. Pero, lamentablemente, antes de que ella pudiera terminar la universidad, él se casó con otra.

Magdalena miró el plato de pollo con castañas y habló con total indiferencia.

—Las cosas que ya caducaron hace tiempo dejan de gustarme.

Lázaro se tensó de golpe, sus labios apretados perdieron color. En un instante, sintió como si un martillo pesado le hubiera destrozado el pecho, causándole un dolor tan agudo que lo hizo estremecerse.

Verónica no entendió el doble sentido de sus palabras y, creyendo que se refería a los ingredientes, se apresuró a explicar.

—El pollo y las castañas los compré hoy mismo, todo está muy fresco.

Magdalena solo murmuró un simple asintimiento y no dijo nada más.

Al notar que la expresión de Lázaro había empeorado, Fátima intentó romper la tensión poniéndole a Magdalena un poco de su comida favorita en el plato.

—Magda, come un poco más.

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