Por la adrenalina de la noche anterior, Magdalena sufrió de insomnio. Por la mañana, fue despertada por el despertador. Mientras se cepillaba los dientes, escuchó sonar su celular, así que se enjuagó rápidamente y salió del baño.
Al ver el nombre en la pantalla, contestó confundida. ¿Para qué la llamaba Renato tan temprano?
Una voz profunda y magnética viajó a través del auricular, llenando su oído de electricidad.
—¿Aún durmiendo?
Escuchar esa voz cautivadora a primera hora de la mañana hizo que su propio tono se volviera un poco más alegre.
—Ya me levanté. Estaba lavándome los dientes, por eso tardé en contestar.
Renato ya estaba sentado en el comedor desayunando. La voz de Magdalena sonaba clara y melodiosa, llena de vitalidad juvenil, lo que mejoró enormemente el humor del hombre.
—Recuerda traer tus documentos.
Magdalena asintió por instinto, pero al darse cuenta de que él no podía verla, respondió en voz alta.
—Desde ayer me lo has recordado un montón de veces.
Renato sonrió ligeramente.
—Tengo miedo de que lo olvides.
Magdalena separó el teléfono de su oreja con asombro, miró la pantalla un par de segundos y volvió a ponérselo al oído. Preguntó incrédula.
—¿Te estás riendo?
Renato miró a través del ventanal que daba al jardín e ignoró la pregunta.
—Hace un buen clima hoy. Es un buen día para ir al registro civil.
...
Esa mañana tenían una reunión muy importante, así que Renato debía presidirla antes de poder llevar a Magdalena al Ayuntamiento.
Durante la reunión, Renato estaba sentado en la cabecera de la larga mesa ovalada, mientras los altos ejecutivos de cada departamento presentaban uno a uno los resultados mensuales.
Recostado en su silla, Renato tamborileaba rítmicamente la mesa con el dedo índice de su mano derecha. No había prestado atención a una sola palabra desde que comenzó la junta. Sin embargo, su expresión era tan calmada e ilegible que nadie notó que en realidad estaba distraído.
Solo Camilo, que estaba a su lado tomando notas, sabía la verdad. El presidente miraba su costoso reloj a cada rato; había estado ausente de principio a fin.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Casé con el que Pagó Mi Venganza